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sábado, 5 de mayo de 2007

BOLSITA VERDE

19-04-2007

La joven se acercó a una de las mesas, tomó asiento y pidió un café, o al menos es lo que pude interpretar por el gesto que le hizo a uno de los mozos. Apoyó sobre la tabla dos bolsas, una verde y otra roja; nos separaba un mar de sillas, mesas y sobre todo de gente que iba y venia, por un instante sentí que me miraba, bajé la cabeza y volví a mi papel, mi cigarrillo se consumía en su soledad al igual que lo hacía yo, cuando lo creí conveniente regresé mi vista para seguir escrutando a la joven desde la distancia.

Estaba inquieta, parecía nerviosa, movía la mano dando pequeños golpecitos al costado del asiento, con la misma impaciencia prendió un cigarrillo, se le acercó un mozo (no era el mismo que había tomado su pedido) y le sugirió que se pasara al sector fumadores (yo era un testigo visual y no auditivo) la muchacha se fue hacia otra silla que estaba aproximadamente un metro de la primera –pensé en lo absurdo de la situación, imaginé al humo, respetuoso, no cruzando al otro lado como si leyese el cartel de prohibido fumar- pité mi cigarrillo como en apoyo a la joven quien le decía un insulto al camarero, esto lo leí claramente en sus labios.

Revise mis apuntes hasta el momento (estos apuntes, en este momento, este ahora) corregí palabras de las primeras líneas, tal vez mas adelante corrija algunas de ésta; traté de separar a la muchacha (de ahora en mas será llamada Ana) de mí, de ella tan ella y de los demás tan nada, no pude hacerlo, es mas me sentía cada vez mas atrapado en sus ojos, en lo marrón de ellos, en lo profundo de su mirada que hacían sentir pequeño a cualquiera. De esos ojos, lejanos para mí, comenzaron a brotar lágrimas, esas gotas de mar recorrían sus mejillas contorneándolas con un brillo angelical, para llegar al fin hasta las comisuras de su boca donde se juntaban formando un océano que se adentraban por sus labios.

Las lágrimas se hicieron llanto mudo, pero cada tanto dejaba ver una sonrisa entre dientes y Ana limpiaba en ese instante, con la manga de su saco marrón, su nariz y sus ojos, era extraño, ciclotimia, del llanto a la risa y de la risa al llanto, esto sucedía cuando miraba dentro de las bolsas, con la roja lloraba y con la verde se limpiaba con su saquito.

Las bolsitas eran de tela, pana, pensé, -nunca fui un experto en telas-, no eran de gran tamaño, los colores se veían gastados sobre todo el verde que alguna vez debió ser mas vivo. Supuse que en ellas la joven guardaba su vida, en la roja me imagine su pasado, los recuerdo, la niñez, los amores perdidos, los sueños rotos; en la verde, el porvenir, el futuro, los anhelos, los amores que todavía no eran. Por esto lloraba al ver dentro de la roja, al ver lo que perdió, pero sonreía al ver en la verde, porque sabia que siempre algo bueno viene.

Me anime a acercarme a ella, me levanté fui hasta su mesa, afuera las hormigas bípedos corrían como buscando su alimento, comenzaba a llover, le toque el hombro a la niña y le ofrecí un pañuelo de papel, le pregunté porque lloraba, me respondió alguna banalidad como excusa, la mire a los ojos húmedos y le dije que entendía, que me pasaba lo mismo, que uno sufre al ver el pasado y que el futuro le parece lejano, le mostré una bolsita mia azul.

-Antes guardaba las cosas en diferentes bolsas, hoy me di cuenta que todo es una, que ese futuro esta ligado a ese pasado, bueno malo, no lo sé, pero pasado al fin y la única forma de vivir un presente coherente y feliz, es mejor tener las dos cosas en la misma bolsa.

Ana me miró, fijo su mirada en mis ojos y me dijo “gracias”, le sugerí guardar todo en la bolsa verde, como idea cursi de la esperanza. Tomamos unos cafés juntos y luego salimos a la calle, el mundo estaba mas tranquilo al igual que ella, no había mucha gente por la avenida Rivadavia, cada uno tomo rumbos distintos, nunca mas supe algo de ella.


Gastón Pigliapochi
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1 comentario:

  1. Me imagino un cuadro porteño, un bar en microcentro (aunque mi ignorancia no me permite relacionar la Av. Rivadavia con alguna zona de Bs As), y me imagino a una de esas personas soñadoras que se interesan desinteresadamente por los problemas de los demás. Esos locos lindos que te hacen compañía y siempre dicen alguna frase que queda para el recuerdo..

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