Seguidores

jueves, 16 de junio de 2016

San Fermín

Corriendo entre los autos,
dos fierros en mano.
San fermín de chapa y cemento.
Adrenalina en sangre,
viviendo del miedo.

La coca y la noche,
rodeaban los deseos.
la puerta del infierno,
nos debe un beso.

La vida se va jugando,
cruzando bien los dedos
Mientras vas rezando
a un Dios ateo,

El viejo te fumaba,
lo poco que sacabas.
Bautismo de plomo y plata,
la frente sangraba
mientras te piantabas.

Gastón Pigliapochi

miércoles, 15 de junio de 2016

Volar

Y así el viento
dejó de murmurar.
Las aves enmudecieron,
las bocinas,
dejaron de sonar.

El cielo se oscureció,
ya no había
en el aire olor.
Todo alrededor se espesó.

Aquella piel se aflojó,
en un instante,
al suelo cayó.
Dejó todo atrás

simplemente, para volar.

Gastón Pigliapochi

lunes, 2 de mayo de 2016

sueño muerte

Siempre soñé con ser otro, el problema es que nunca supe quien soñaba.

Hay días en los que creo estar muriendo, por suerte en los demás estoy convencido.

Gastón Pigliapochi

miércoles, 15 de julio de 2015

Encuentro

Se encontraron y se miraron, sin ver; como dos extraños conocidos. Mientras el pasado les roía los pies, la tarde moría sin misterios ni dueños. Necesitaba un hola, cómo estas? no se atrevió a preguntar. Cualquier respuesta los hubiese estaqueado en la soledad. El olvido por amor, fue la solución. Se tomaron las manos, se despidieron con un frío adiós Suspende el tiempo la respiración. Lo vio alejarse tras una niebla de dolor.

Gaston Pigliapochi

sábado, 20 de junio de 2015

Risa de Luna

Veo el reflejo de tu risa
cuando se va el dolor.

Llora la Luna negra,
cuando parten su amor.

Juega con colores,
canta su canción.

Líneas infinitas,
de acrilicos corazón.

Esconde la niña linda,
en su forma de  mujer.

Juega la Luna negra,
a ser y no hacer.

Cien veces escribe,
quién me podrá querer.

El sol que se asoma,
le besa los pies.

Ella que se sonríe,
y se deja caer.

Coyright Gastón Pigliapochi.

jueves, 4 de junio de 2015

Violencia.

violenta la madre
violento el padre
Violento el hijo
violento el hombre
violenta la mujer
violento el alumno
violenta la maestra
violento el chorro
violento el cana
violenta la moda
violento el grito
violento el silencio
violenta la tele
violento los diarios
violenta la radio
violento el juego
violenta la educacion
violenta las drogas
violento el odio
violento el amor
violento el deseo
violento el que escribe
violento el que lee
violento el miedo.
(Gastón Pigliapochi )

viernes, 5 de septiembre de 2014

Pensamiento sobre la nada

Qué difícil pensar en el no conflicto, en la paz sin guerra, en el no distanciamiento de las personas en general; cuando nuestra vida se basa en el ego (y aunque se crea que uno puede evitar ese ego), en criticar a lo que hace el otro, desde nuestra vida y experiencia, sin pensar en el deseo de ese otro, cuando en ese modo de juzgar está nuestro deseo. Desde pensar como uno se alimenta o como cría y educa a sus hijos, hasta todo esto que escribo está cargado de ese deseo y ese egoísmo. Es imposible salirse de ahí, es difícil. No se, se me ocurrió pensar en esto.

Gaston Pigliapochi.

lunes, 7 de julio de 2014

Arte IV

El sol le hacía cerrar los ojos, y dejaba de escribir, hasta que corría la cara de la luz. Retomaba las frases una y otra vez; les daba forma, las vestía, las maquillaba. El maquillaje en ella solo era un agregado, no cambiaba su belleza.
Su cuaderno estaba repleto de tachaduras y de palabras sobre-escritas. Interrumpía las letras para realizar dibujos en los márgenes (inventados), los pintaba con marcadores de colores.
Armaba un mundo mucho más lindo que el que había afuera, en donde el arte era el motor, que en realidad era todo lo que ella era, ella es puro arte, es el arte.

Gastón Pigliapochi


jueves, 19 de junio de 2014

Arte III

Comienza a desarmar la cama para acostarse, todos sus movimientos son suaves, toma una decisión, baja los pantalones de su pijama: se deja los soquetes, se sienta al borde del colchón. Levanta una pierna y se mira en el espejo ( que a su vez es puerta de armario) se sonríe, se siente sensual. Se estira la remera y hasta atrapar a su rodilla, se levanta, se pone en puntas de pie da un giro, el amor que despide y el erotismo de su piel ( la que siente aterciopelarse en sus propios dedos) la envuelven, se enamora al verse nuevamente en el espejo; se enamora de ella, nuevamente siente atracción por si, pero va más allá de esa hermosa forma de mujer en un vidrio; se enamora de si, de su sentimientos, de su liberación a las ropas, dejando caer la remera al suelo, también deja caer su culote rosa, a juego con los soquetes; mira la rotríng en el borde del escritorio y los acrílicos en la otra punta del mismo. Corre en medias, y comienza a dibujar las sábanas, ahora las paredes; cada vez más liberada, pone música, baila al ritmo. Dibuja flores (complejas y hermosas flores), ve revistas en un revistero viejo, las recorta, mientra pega siluetas besa su on la remera que le tapa parte de la estilográfica y la muerde, pasa su lengua dentro de su boca por la tapa que muerde y la siente en sus labios, se erotiza más, se vuelve a ver esta vez sin verse en el espejo, pero siente que se ve desde afuera, ve a la mujer que es artista, profesional, madre y que en todo pone pasión y sentimiento, desde ahí se enamora nuevamente, otra vez y los dibujos son más complejos y pinta con acrílico en poco tiempo tendrá un mural terminado, que reflejará lo que ella vio, cuando se vió. Y el resto verá lo que ella pudo ver y el arte una vez más atacará.


Gastón Pigliapochi

miércoles, 11 de junio de 2014

Arte II

La mano que dibuja, la cabeza que teje historias, el corazón que desborda amor.
Escribe suelta de prejuicios, suelta su alma al camino que transitan sus ojos en un monitor. Mueve la boca, hace una mueca, se ríe y baja la cabeza; algo le paso por la mente, algo que solo ella entiende. Teclea e imagina el dibujo que luego hará.
Le duele la mano de tanto apretar el lápiz; se masajea, se mima, la princesa en el castillo derrumbado no tiene quien la mime o tal vez tenga muchos y ella no los vea.
Desahoga su muda voz y grita, grita al mundo que ella ama, aunque el mundo no merezca su amor.

Gastón Pigliapochi