Seguidores

jueves, 16 de junio de 2016

San Fermín

Corriendo entre los autos,
dos fierros en mano.
San fermín de chapa y cemento.
Adrenalina en sangre,
viviendo del miedo.

La coca y la noche,
rodeaban los deseos.
la puerta del infierno,
nos debe un beso.

La vida se va jugando,
cruzando bien los dedos
Mientras vas rezando
a un Dios ateo,

El viejo te fumaba,
lo poco que sacabas.
Bautismo de plomo y plata,
la frente sangraba
mientras te piantabas.

Gastón Pigliapochi

miércoles, 15 de junio de 2016

Volar

Y así el viento
dejó de murmurar.
Las aves enmudecieron,
las bocinas,
dejaron de sonar.

El cielo se oscureció,
ya no había
en el aire olor.
Todo alrededor se espesó.

Aquella piel se aflojó,
en un instante,
al suelo cayó.
Dejó todo atrás

simplemente, para volar.

Gastón Pigliapochi

lunes, 2 de mayo de 2016

sueño muerte

Siempre soñé con ser otro, el problema es que nunca supe quien soñaba.

Hay días en los que creo estar muriendo, por suerte en los demás estoy convencido.

Gastón Pigliapochi

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Los Infortunios De La Soledad (parte de una novela)



Caminé aturdido por los cambios de atmósferas, entre el ahogo de una sala llena de gente y el aire contaminado de una ciudad tan grande, por avenida de Mayo fui hasta 9 de Julio y de ahí bajé hasta Corrientes, crucé la plazoleta del imponente monumento porteño (el obelisco) me encontré con la vieja calle de las luces y los teatros, recordé porque odiaba tanto a Buenos Aires, una sensación de tristeza me embargó el alma, de aquel seudónimo a la calle solo le quedaban las luces, me adentré en Las Cuartetas, a mi entender la mejor pizzería de la zona, comí dos porciones de muzzarella y una de faina, acompañadas por agua, no iba a ensuciar mi sangre con algo tan bajo como la cerveza. Luego de comer, me dirigí hacia el bajo; unas jovencitas, por cierto muy bonitas y vestidas de forma muy inocente me criticaron con sus miradas, debo admitir que nunca fui muy adepto a la prolijidad; en cada esquina uno encontraba diferentes personajes, vagabundos, borrachos, adictos y extranjeros, de estos últimos había demasiados, debido a que el cambio de moneda estaba a su favor, no tengo nada contra ellos, pero siento que nos usan, que no vienen por la belleza de la ciudad, sino por la belleza de gastar menos plata.
Me senté en la mesa de un bar y para empezar la noche y acomodar mis ideas me pedí una ginebra, al día siguiente debía partir de nuevo al viejo continente. A través de la ventana visualicé una pequeña llovizna, “que extraño”, pensé, mientras la aspereza de la ultima gota de alcohol del vaso mojaba mis labios, “hasta hace un rato el cielo estaba estrellado”; cuando volví mi vista al frente y sacaba mi cuaderno dispuesto a escribir soportando el dolor crónico de mi muñeca derecha, me sorprendió una mujer que ocupó la silla vacía de mi mesa, era pelirroja o mejor dicho tenia el pelo rojo, la tez sumamente blanca, quizás resaltada por el tan llamativo color del cabello, labios finos pero de un hermoso contorno delineado de rojo, el resto del maquillaje era casi imperceptible, de ojos verde como aquella planta tan ponderada por algunos.
-¿Le molesta?- Pregunto mientras se acomodaba y cruzaba las piernas, nunca había visto piernas tan largas.
-No- Le respondí secamente, llamando al mozo para mi segunda ronda
-¿Necesita compañía? – Inquirió, con una mueca seductora.
-¿Quién no la necesita? – Atine a decir, sin pensarlo – No se a que clase de compañía se refiere, igualmente sepa que no tengo dinero y lo poco que me queda es para las bebidas.
Volví mi cabeza a las notas del teatro, para corregirlas y ordenarlas.
- Yo no le pedí dinero, me ofende – Saco un paquete de Camel y prendió un cigarrillo, mientras daba una pitada larga con la mano izquierda; con la otra me estiro el paquete y sacando con el índice y el pulgar, me ofreció uno.
Acepté, el mozo trajo un vaso lleno de ginebra, como forma de disculpa, le pregunte si quería tomar algo.
-Acepte las disculpas de este tonto y tómese algo – Repasaba los apuntes, la joven miraba intrigada, tratando de leer, cosa que seria difícil debido a mi tan mala letra.
-¿Mal de amores? – Apuntó, mientras pedía un café irlandés.
Levante la vista sin mover la cabeza y balbucee:
-No hay tales males.
-¿Melancolía? – Sostuvo entrecerrando los labios.
-No existe la melancolía, mientras haya alcohol…
-Pero el efecto del mismo es efímero – Me retruco, cortando mis palabras y expidiendo humo como un caño de escape.
Sin vacilar ni perder tiempo le dije fríamente:
-La vida es efímera, sépalo, así que tal vez para cuando acabe el efecto del alcohol también acabe la vida.
-Lo noto triste y deprimido – Me miraba con ojos de madre preocupada.
-Usted no me conoce, como puede saber si estoy triste o alegre.
“Lo veo en sus ojos”, fueron palabras que me dejaron pensando un rato. Afuera la lluvia se convirtió en diluvio. “Espero que mañana haya buen tiempo” exclame para mi mismo, no me gustaba la idea de viajar con tormenta.
-Si le molesta me voy y lo dejo tranquilo – Dando un sorbo al café, marcando con carmín el borde del jarrito – No esta muy caliente – Advirtió.
-No me molesta, es que tengo la cabeza en otro lado.
-¿Lo puedo ayudar en algo?
-No creo,  en realidad no lo sé.
Terminó el café y se levanto, “no se vaya”, le pedí sin quererlo, con un ademán señalando el baño y los cigarrillos sobre la mesa, entendí que volvería.
Me distrajo de mis tareas una discusión entre el camarero y un borracho, unas mesas contiguas y ví lo peor de mi reflejado en aquel hombre, no sé cuanto duró el problema, el resultado fue: El borracho a la calle y el mozo enojado con el mundo arrojando insultos a los cuatros vientos, de los que recuerdo frases y palabras sueltas, “no puede ser”, “siempre lo mismo, por unos pesos aguantar esto, es un castigo, ya no estoy para esto, estoy cansado…”, yo también estaba cansado, no sabia que hora era, cuando volvió la pelirroja un frió me recorrió la espalda, no era una brisa ya que todo estaba cerrado, y eso, me perturbo. Corrió la silla y se sentó a mi lado.
-Que fueron esos gritos – Me preguntó asombrada
-Nada, intercambios de ideas desde diferentes situaciones.
-¿No quiere caminar?, aquí el aire esta viciado.
-¡Señora!, está lloviendo a cantaros…
Me interrumpió nuevamente.
-¡Señorita! – Protesto, mostrándome ambas manos – Además porque no me tutea, no soy tan vieja y usted tampoco.
-Bueno, disculpame, te decía, ¿Dónde el aire no esta viciado en este mundo?
-Sos una persona de ideas muy negativas.
En lo más profundo de mí sabía que tenía razón, pero el negativismo es una forma de vida, una manera de vivir sin hacerse demasiadas ilusiones por nada, pensé, mientras tachaba palabras en la hoja de papel húmeda por el clima, se escribe mejor en hojas húmedas.
-¿Sos escritor? – Pregunto
-No mas que cualquier otro – Atine a responder y agregue – Escribo para no ir al psiquiatra, de esta forma atrapo a mis fantasmas en un cuaderno o semejante. Igualmente este proyecto no es directamente mío, estoy escribiendo para alguien más.
No iba a explicarle de mi investigación, ni detallarle el orden de los hechos.
-Interesante punto de vista – Me dijo – No sos de muchas palabras ¿no?
-Por eso escribo, soy tímido
-Falsa modestia – Condeno a mi frase por lo bajo.
En una confusión entre pensamientos y voz alta vacile en un “puede ser”, de fondo comenzaba a sonar jazz con Jaco Pastorius al bajo, sin darme cuenta casi por instinto marcaba el tiempo en tresillos con el dedo índice de la mano izquierda con pequeños golpes sobre la mesa, mientras con la otra mano seguía mi escritura con la lapicera.
De cierta forma apreciaba la compañía de aquella mujer, la observaba de reojo como un tonto adolescente, de golpe sentí que la conocía y me conocía, desde hacia mucho tiempo, en ella ví reflejada a todas las mujeres que formaron parte de mi vida, la dulzura de mi madre y mi tía, la sensualidad y soberbia de algún amor perdido y todo se rompió al ver dos alas negras que asomaban tras su cabeza, abrí y cerré los ojos rápidamente, la imagen volvió a la normalidad. Le pedí otro cigarrillo, me sugirió:
-Podríamos conocernos más
-No hay tiempo – Le rebatí, con gesto de pena.
-La noche es joven – insistió
-Mañana vuelo a Londres, no creo conveniente no descansar un poco.
-Que lastima, me resultas una persona interesante – Me extendió un numero telefónico escrito en una servilleta del lugar – Llamame cuando vuelvas, tendremos tiempo.
Agarre el papel y lo guarde en el bolsillo del saco. No entendía el capricho de la mujer, nunca entendí ningún capricho de mujer.
-Vos también me resultas interesante – Con tono insinuante, como para que no se sintiese mal o rechazada.
Para este momento ya iba mi tercer elixir de alcohol, esta vez un whisky.
Encendió un cigarrillo y me lo ofreció manchado con rush, le di una larga pitada y exhalé el humo por la nariz, me observaba como un chico esperando expectante una aceptación a una propuesta de algún juego. Se produjo un silencio de entierros en el lugar y nuevamente un frío me recorrió la nuca, se cree que cuando la muerte pasa en forma  de ángel oscuro y silencioso se producen estas situaciones, no dude en hacérselo saber.
-Paso la muerte – Exclame exaltado
-No sé a que te referís.
Le explique del silencio, del frío y mi nuca.
-Es la tercera vez que me pasa y siento que algo o alguien más nos vigila – Le dije con temor.
Mi criterio igualmente es poco fiable, ya que siempre fui un poco paranoico. La charla se torno interesante y se prolongo un rato, fuera de contexto de la misma me dijo que se llamaba Isabel; solo alcance a decir el mío. “ya no somos extraños” sostuvo contenta con una sonrisa.
En mi voz se notaba ya la falta de modulación y una flojera de mandíbula, producto del alcohol. Continuo el monologo de Isabel y de vez en cuando yo daba un monosílabo como respuesta, pasaron las horas y algo imprevisto sucedió.
-¿No te aburre la Opera?- Preguntó
En mi confusión de alcohol estaba seguro que nunca le dije que había ido al teatro y era imposible que lo leyera de mis apuntes.
-¿Cómo sabes o mejor dicho como estas tan segura que fui a la opera? – En un violento y vital interrogatorio le pregunte.
-No sé, lo supuse.
-No hay suposición valida. ¿Quién sos?- Arremetí tomándole con dureza la muñeca que sostenía el cigarrillo.
-Nadie, una persona que quiso ser amable.
-No me vengas con eso, sacate la mascara, yo ví tus alas. Me imagino que no es casualidad el frío y el silencio en el teatro y aquí.
-Estas borracho o loco – Me dijo con temor.
Podía ser cierto, que imaginaba cosas y escuchaba lo que quisiese, pero ante la duda debía seguir con mi postura.
-Ni loco, ni nada, ¿Quién te mando? Vamos contestá.
-Me estas lastimando, solo hago mi trabajo – Me dijo consternada – Tenia que ponerte a prueba.
-¿a prueba? ¿De que hablas?
-Saber hasta donde llegarías, no puedo decir más.
-No me dijiste nada.
-Por favor, perdoname, sos una buena persona, pero esto es mucho mas grande de lo que podes imaginar.
Estaba absorto por tal situación, me quería ir pero no podía, sin darme cuenta esa dama, ahora oscura, me atraía y quizás no me molestaba que me vigilaba, ni que fuese la muerte o semejante, sino lo que realmente me incomodo fue que había sido sincera.
Elimine el tuteo como para que supiese de mi enojo.
-La verdad, presentí que algo estaba mal, que usted no se fijaría en mí así como así. Admito, soy un tonto. Permítame que le diga, hace muy bien su trabajo, la felicito.
-Yo no tenía necesidad de hablarte, en realidad quería advertirte, pero en el baño me castigaron y me recordaron mi rol en este juego.
Recordé las alas negras que había visto, recree la imagen en mi cabeza y me di cuenta de que tenían cortadas las puntas, como cuando uno no quiere que un ave se le escape, ¿acaso ese era el castigo?
-Entonces la discusión del borracho, ¿fue una distracción?...
-Si – Secamente piso mis palabras.
-Una farsa
-Todo es una farsa – Bajo la cabeza angustiada.
Una somnolencia se apodero de mi, en un estado de paranoia, se lo atribuí al rush en el ultimo cigarrillo, también podría ser efecto de no dormir y de las bebidas.
Me tomó de la mano muy suavemente y mirándome a los ojos me suplico.
-No se distraiga con banalidades.
En el espejo detrás de la barra solo había un reflejo, turbio por el polvo, solo yo podía distinguirme. Me impresione y Salí corriendo. Afuera, no llovía y la claridad del alba comenzaba a ocultar las estrellas, no había una sola nube.
Desperté a las trece horas del lunes, con un fuerte dolor de cabeza y un cansancio físico como si hubiese corrido una maratón. Estaba vestido con mi traje, recostado sobre mi cama sin deshacer. Pensé en una pesadilla, producto de haberme emborrachado, me moje la cara y el cuello con abundante agua, mientras me repetía a mi mismo “solo fue un mal sueño”. Volví a mirar el reloj, ya eran las dos de la tarde, debía apurarme mi vuelo partía a las veinte horas, comí algo rápido y procedí a arreglar mis cosas.

Agarre el bolso y me encamine hacia la puerta que da a la calle, me invadió una suerte de melancolía, siempre sentí un gran vacío en el momento de los viajes, pero esta vez era diferente, deseaba quedarme, aun mantenía la imagen de aquella mujer en mi mente. Abrí la puerta y Salí a la vereda, había demasiado sol, me coloque mis gafas oscuras porque sentí que los ojos se me incendiaban, metí mi mano derecha en el bolsillo del saco y encontré un atado de cigarrillos; los retire del bolsillo saque uno y lo encendí, al guardarlo mientras pitaba, el universo se paralizo para mi, no eran de la marca que yo fumaba y mas aun, eran los que me había ofrecido Isabel en el sueño, que para este momento suponía no había sido tal, sino que todo era real, que la pelirroja existía y que algo mas grande que nosotros mismo estaba detrás de todo esto. Volvió su rostro, esta vez con sus alas negras detrás de la cabeza, quise correr, fue inútil, uno no escapa de su propia cabeza aunque quiera; así que decidí apresurarme en tomar el vuelo y llegar lo antes posible a Inglaterra.

Gastón Pigliapochi

miércoles, 15 de julio de 2015

Encuentro

Se encontraron y se miraron, sin ver; como dos extraños conocidos. Mientras el pasado les roía los pies, la tarde moría sin misterios ni dueños. Necesitaba un hola, cómo estas? no se atrevió a preguntar. Cualquier respuesta los hubiese estaqueado en la soledad. El olvido por amor, fue la solución. Se tomaron las manos, se despidieron con un frío adiós Suspende el tiempo la respiración. Lo vio alejarse tras una niebla de dolor.

Gaston Pigliapochi

sábado, 20 de junio de 2015

Risa de Luna

Veo el reflejo de tu risa
cuando se va el dolor.

Llora la Luna negra,
cuando parten su amor.

Juega con colores,
canta su canción.

Líneas infinitas,
de acrilicos corazón.

Esconde la niña linda,
en su forma de  mujer.

Juega la Luna negra,
a ser y no hacer.

Cien veces escribe,
quién me podrá querer.

El sol que se asoma,
le besa los pies.

Ella que se sonríe,
y se deja caer.

Coyright Gastón Pigliapochi.

jueves, 4 de junio de 2015

Violencia.

violenta la madre
violento el padre
Violento el hijo
violento el hombre
violenta la mujer
violento el alumno
violenta la maestra
violento el chorro
violento el cana
violenta la moda
violento el grito
violento el silencio
violenta la tele
violento los diarios
violenta la radio
violento el juego
violenta la educacion
violenta las drogas
violento el odio
violento el amor
violento el deseo
violento el que escribe
violento el que lee
violento el miedo.
(Gastón Pigliapochi )

viernes, 5 de septiembre de 2014

Pensamiento sobre la nada

Qué difícil pensar en el no conflicto, en la paz sin guerra, en el no distanciamiento de las personas en general; cuando nuestra vida se basa en el ego (y aunque se crea que uno puede evitar ese ego), en criticar a lo que hace el otro, desde nuestra vida y experiencia, sin pensar en el deseo de ese otro, cuando en ese modo de juzgar está nuestro deseo. Desde pensar como uno se alimenta o como cría y educa a sus hijos, hasta todo esto que escribo está cargado de ese deseo y ese egoísmo. Es imposible salirse de ahí, es difícil. No se, se me ocurrió pensar en esto.

Gaston Pigliapochi.

lunes, 7 de julio de 2014

Arte IV

El sol le hacía cerrar los ojos, y dejaba de escribir, hasta que corría la cara de la luz. Retomaba las frases una y otra vez; les daba forma, las vestía, las maquillaba. El maquillaje en ella solo era un agregado, no cambiaba su belleza.
Su cuaderno estaba repleto de tachaduras y de palabras sobre-escritas. Interrumpía las letras para realizar dibujos en los márgenes (inventados), los pintaba con marcadores de colores.
Armaba un mundo mucho más lindo que el que había afuera, en donde el arte era el motor, que en realidad era todo lo que ella era, ella es puro arte, es el arte.

Gastón Pigliapochi


jueves, 19 de junio de 2014

Arte III

Comienza a desarmar la cama para acostarse, todos sus movimientos son suaves, toma una decisión, baja los pantalones de su pijama: se deja los soquetes, se sienta al borde del colchón. Levanta una pierna y se mira en el espejo ( que a su vez es puerta de armario) se sonríe, se siente sensual. Se estira la remera y hasta atrapar a su rodilla, se levanta, se pone en puntas de pie da un giro, el amor que despide y el erotismo de su piel ( la que siente aterciopelarse en sus propios dedos) la envuelven, se enamora al verse nuevamente en el espejo; se enamora de ella, nuevamente siente atracción por si, pero va más allá de esa hermosa forma de mujer en un vidrio; se enamora de si, de su sentimientos, de su liberación a las ropas, dejando caer la remera al suelo, también deja caer su culote rosa, a juego con los soquetes; mira la rotríng en el borde del escritorio y los acrílicos en la otra punta del mismo. Corre en medias, y comienza a dibujar las sábanas, ahora las paredes; cada vez más liberada, pone música, baila al ritmo. Dibuja flores (complejas y hermosas flores), ve revistas en un revistero viejo, las recorta, mientra pega siluetas besa su on la remera que le tapa parte de la estilográfica y la muerde, pasa su lengua dentro de su boca por la tapa que muerde y la siente en sus labios, se erotiza más, se vuelve a ver esta vez sin verse en el espejo, pero siente que se ve desde afuera, ve a la mujer que es artista, profesional, madre y que en todo pone pasión y sentimiento, desde ahí se enamora nuevamente, otra vez y los dibujos son más complejos y pinta con acrílico en poco tiempo tendrá un mural terminado, que reflejará lo que ella vio, cuando se vió. Y el resto verá lo que ella pudo ver y el arte una vez más atacará.


Gastón Pigliapochi