Seguidores

lunes, 25 de octubre de 2010

La noche Serena (cuento)

Se detuvo el auto en medio de la ruta, intente darle arranque pero nada, el burro patinaba, en la última prueba se quedó sin batería. Abrí la puerta y me asomé a la autovía sin luz alguna, solo negrura infinita, esa misma negrura que en mis pesadillas me perseguía y nunca lograba alcanzarme (tal vez sí y por eso me despertaba), intenté realizar un llamado telefónico con el celular “el sistema se encuentra congestionado, inténtelo mas tarde”, imposible comunicarse (cuanta tecnología para alejarnos).
Pasaban las horas y por el camino no circulaba ni un solo automóvil, supuse que era una ruta muy poco transitada, no tenía ni la menor idea de que ruta era, ni donde estaba yo parado, mientras tanto Víctor dormía en el auto, en el asiento del acompañante tapado con su campera con corderito, es increíble como dormía este pibe, podían bailarle un malambo encima que no se enteraba, lo sacudí pero no hubo caso. El frío me estaba congelando las manos y la nariz, me volví a meter en el auto, el tiempo no pasaba, mire de reojo a Víctor y recordé la primera vez que nos vimos.
Yo salía una tarde del Bachiller, aislado de mis compañeros (como siempre) y por la vereda de enfrente caminaba Víctor venía con la cabeza gacha pateando algo, no recuerdo bien qué (mi memoria no siempre me juega buenas pasadas) creo que era una cajita de jugo, yo justo cruzaba para tomar el colectivo y nos encontramos en la parada, me hizo un caño con el objeto y me miró desafiante, hice una mueca estúpida entre sonrisa y rabia, le cayó simpático aparentemente y se presentó; subimos al colectivo y nos pusimos a charlar, él estaba un año mas arriba que yo en el estudio pero compartíamos profesores y nos divertimos mucho hablando de “Peluquín” la profesora de literatura.
La noche se cerraba cada vez mas, subía la humedad y bajaba la temperatura, se me ocurrió mover el auto sobre el pasto lejos de la ruta, así fue como volví a descender del auto y lo empuje Víctor ni se enteraba de lo que pasaba, me dolían las manos sobre todo los nudillos, una vez puesto el automóvil en un lugar más seguro me senté nuevamente al volante y me dispuse a intentar dormir, cuando al cabo de un tiempo se me comenzaron a cerrar los ojos, mi acompañante me despertó y me preguntó que había pasado le explique de mala gana debido a que quería dormir y que todo fuese un sueño, me dijo que no nos podíamos quedar ahí, que seguramente nos estaban buscando y que de un momento a otro darían con nosotros y trate de hacerle entender que no había forma de arrancar el coche y no había donde ir, que no sabía ni donde estábamos, que lo mejor que podíamos hacer era esperar a la mañana, me miró y me dijo que era una locura y que no pensaba volver al infierno, me manoteo el mate y el termo y se cebo uno mientras me miraba nervioso.
Mientras lo miraba volví a recorrer los tiempos en que nos conocimos, cómo habíamos llegado hasta acá; fue siempre mi único amigo, compartíamos todo, íbamos a los bailes juntos y nos emborrachábamos al terminar la noche solos como siempre, crecimos jugando en el barrio con los pibes a la pelota, si bien era un lugar complicado por las noches nosotros no temíamos a nada, y así nos hicimos más de una vez habitué de la comisaría. Víctor consiguió trabajo en un depósito de productos farmacéuticos, yo, me puse un kiosco; a los dos nos iba bien, conocí a María una tarde que vino a comprar chocolates, me quedó debiendo unas chirolas (realmente no importaba lo que me debiera, todo había sido pagado con su simple presencia), vino al día siguiente a pagar lo que faltaba, vivía cerca del local y empezó a pasar mas seguido, hasta que comenzó a quedarse tomando mate y me hacía compañía. El encuentro de Víctor con Maria no fue muy fortuito; estábamos cerrando el kiosco una noche con María y nos disponíamos a ir al cine, llego Víctor con la idea de ir al billar, en realidad yo había olvidado que era jueves y estos días eran de billar y picada, no le cayo bien que le dijera que no podía que iba al cine y tampoco le cayo bien a María que invitara a Víctor al cine, es decir ambos estaban disconforme y se notaba en el aire.
Mientras chupaba de la bombilla miré por el retrovisor y vislumbre en la noche un bulto que se aproximaba, rápidamente abrí la puerta y corrí hasta el asfalto frió y vaporoso, era un hombre en un carro tirado por caballos, me cruce delante, el insulto que me aquel me largo por aparecerme desde la nada fue muy claro, le conté lo que había ocurrido y le dije que estaba con un amigo en el auto, el paisano miró hacia la silueta del auto con la puerta abierta y la linterna sobre el asiento iluminando el interior volvió la vista hacia mi, note un dejo de perplejidad en su mirada, me dijo “no es buen lugar para quedarse” le pregunte donde estaba el pueblo mas cercano, el hombre me dijo que estaba a unos cincuenta kilómetros, le pedí si me llevaba y dijo que no podía que no se que, le insinué que la ruta me parecía muy poco transitada, el viejo me miró y me dijo que hacia 3 años que nadie la usaba, que no entendía como llegue yo ahí, le tome la muñeca y le dije que me ayude, el hombre sacudió las riendas y salio al galope limpio y se perdió su figura en la nada absoluta. Miré el auto, la linterna se estaba quedando sin pilas y Víctor no estaba, con razón el viejo me miraba raro me dije a mi mismo, debió pensar que estaba loco; fui hasta la parte trasera del vehículo y busque a Víctor, no aparecía por ningún lado, al cabo de un tiempo alguien me tomó del hombro derecho me asuste y al darme vuelta era Víctor que me explicó que fue a orinar por ahí, nos metimos en el auto y comenzamos a planear que haríamos.
Comenzamos a salir con María cada vez mas seguido y luego de unos años nos fuimos a vivir juntos y al poco tiempo nos casamos, Víctor fue testigo junto a una amiga de María. Esta se quedaba en la casa y pintaba, mientras yo seguía trabajando en el kiosco; una tarde de otoño vino Víctor con una idea muy loca para mí, no era la primera vez que traía algo así entre manos, me trajo los planos de la habitación donde estaba la caja fuerte de la empresa, es decir del deposito de productos farmacéuticos y su idea era robar lo que había en su interior, no era mucha plata, pero lo suficiente para no trabajar por algún tiempo, todavía no se cómo, pero me convenció y ese fue el primer trabajo de una larga serie.
Entramos reducimos al personal cortamos la alarma de proximidad, Víctor tenía toda la información necesaria y algún que otro cómplice que arreglaría con migajas, reventamos la caja y robamos unos ciento cincuenta mil pesos, nunca pudieron agarrarnos. Yo seguí trabajando en el local para no levantar sospechas y Víctor renunció al depósito y fue a trabajar a una empresa de seguridad. María algo sospechaba de las reuniones con Víctor, nunca lo soportó, pero no decía nada más que ese flaco no me gusta.
Se enfrió el agua del mate y Víctor me sugirió sacar la garrafa que estaba en el baúl la que usábamos cuando íbamos a pescar, la saque y la puse al lado de la puerta la prendí y calenté el agua, también me dijo que traiga la otra linterna, mirábamos el mapa y no podíamos deducir donde estábamos, guardé el arma en la guantera Víctor me dijo que el no se desprendería de ella por nada y que la usaría si era necesario, el salía vivo sin que lo agarren o no salía. La noche no pasaba más, el alba no llegaba, y a lo lejos se oían perros aullando y grillos, empecé a tener cierta paranoia y a pensar que ya estarían cerca, pensé en la estupidez que fue hacer eso, nadie se mete con algo tan pesado, todo el mundo sabe que hay cosas que no se deben robar, coloqué nuevamente mi arma en la cartuchera bajo la axila y llené el termo con agua bien caliente, nada como un buen mate amargo para mantenerse caliente y despierto le dije a Víctor, que asintió con la cabeza y tomó el mate de chapa con las dos manos.
Cómo fue que habíamos llegado hasta ahí, cómo fue que acepte cometer esa estupidez, es cierto que era mucho dinero, teníamos un contacto, mejor dicho Víctor tenia un contacto en una de las mesas un crupier que por un diez por ciento de lo que robáramos se conformaba, robar el casino no era un gran idea y lo sabía, pero me convenció con la idea de la facilidad, de entrar y salir, era evidente que no lo podíamos hacer solos, necesitábamos algunas personas mas, así fue como conseguimos un par de socios más conocidos de Víctor, nos dispusimos a llevar a cabo el plan. Entramos y reducimos al de seguridad de la entrada, mientras dos mas iban a reducir a los de adentro, el crupier nos marco donde estaba la sala de vigilancia y donde estaba el dinero, no disparamos un solo tiro, todo fue reducción y uno que otro golpe, salimos rapidisimo del lugar ya estaba los autos en la puerta, Victor y yo subimos al mio y salimos del lugar con el dinero, perdimos de vista a los otros autos, salimos a la autopista a toda velocidad y salimos a la ruta; en qué momento doblamos mal, en qué momento perdimos la orientación y terminamos en esta oscuridad.
Unas luces azules y blancas comenzaron a acercarse desde la cerrada noche, solté el termo y tome el arma, lo mire a mi compañero y le dije “se acabo el juego”, el dinero estaba guardado bajo el asiento trasero del auto, las luces ya nos envolvían completamente y varios vehículos se detuvieron a nuestras espaldas y a nuestro costado, una voz de mando ordenó que descendiéramos del coche, la transpiración fría me comenzaba a caer de la frente, se me vino a la cabeza María y las tardes en las que tomábamos mate en el kiosco, volví la cabeza hacia Víctor pero no estaba, mire el retrovisor y vi las luce que giraban y vi mis ojos que de pronto fueron los de Víctor, afuera se escuchaban gritos y movimientos veloces de personas, botas jadeos, el primer disparo pego en la frente de la imagen de Víctor en el espejo y rompió el vidrio, me agache y cargue la recamara de la Glok, todo estaba perdido, ya no había vuelta atrás, baje del auto por la puerta del acompañante y les grite que no me entregaría y comencé a disparar, mi amigo no aparecía por ningún lado, lo supuse herido en algún lado del campo, “suelte el arma y haga las cosas mas fáciles” escuche, me metí debajo del coche y tire, le di a un par de oficiales hasta que una bala me pego en la pierna y ya sin municiones y solo, no me quedo otra que entregarme, pedí que no dispararan mas y salí, tres policías me rodearon, uno me puso boca abajo en el piso y coloco su rodilla en mi cuello mientras me colocaban las esposas, les pregunte donde estaba Víctor, me miraron extrañados y dijeron que no había nadie mas.
Fui llevado a juicio unos meses después de permanecer en prisión, Maria me visitaba de vez en cuando, se me consideró esquizofrénico y así fue como termine en este hospital psiquiátrico, se me dice que Víctor nunca existió, y Maria dejó de verme hace por lo menos ya dos años, lo ultimo que me dijo fue que no tenia cura y que yo nunca acepte mi enfermedad, por las noches extraño a Víctor, tomar mate con él charlar de la época escolar, y me duermo solo y con frió, pero estoy cómodo no me quejo.


Gaston Pigliapochi
Copyright © - Derechos Reservados. ®

6 comentarios:

  1. Tu imaginación me enamora más y más.
    Muy bueno. Creo haberlo leido en otra oportunidad, pero la creación de clima y personajes me re-sorprendieron.
    Te amo, mi gordito escritor.

    Ju

    pd: definitivamente va pa'libro.

    ResponderEliminar
  2. me remonté, de golpe, a "una mente brillante", pero obviamente, muy diferente, Me gusta, soy amante de cortázar, asi que imaginate que argentinismo que creas, como lo creaba él, y los finales un poco inciertos, son lo mío!
    Así que, simplemente, MUY BUENO!
    Saludos!

    ResponderEliminar
  3. Amor(ju): Gracias que bueno que mi imaginación te siga enamorando. Y que te parezca publicable a vos que te dedicas justamente a eso. Yo también te amo. Besos

    ResponderEliminar
  4. Gi: Tiene tal vez un dejo a eso de una mente brillante (la locura) y realmente un peso enorme me pone con esa reminiscencia a Don Julio. Gracias por pasar y comentar,me alegro que te haya parecido muy bueno.

    Abrazos totales.

    ResponderEliminar
  5. Y es que a veces la locura nos salva y nos rescata del aislamiento, de la soledad, del dolor...

    Una locura que a veces no lo es tanto...

    Y me quedo pensando en ese juego entre lo "realmente vivido" y la "locura", y me pregunto si María no sería también un sueño...además con ese nombre con tanta "carga espiritual", si se quiere...

    Bueno, al menos no siente frío...eso debe ser bueno...algo de calidez, entre locura y no tanto, ha encontrado...entonces seguro, que algo de todo eso, ha valido la pena...aunque no sea más que un delirio... ¿no?

    Abrazoteeee

    ResponderEliminar
  6. Sil: amiguita, la locura nos salva de la soledad.
    Gracias por pasar y comentar.

    Te mando un beso y abrazo total.

    ResponderEliminar

Deje aquí su opinión, crítica y halagos. Desde ya, muchas gracias.