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sábado, 12 de diciembre de 2009

Una moneda

Se encontró una moneda en la calle Libertad, a la altura en que esta cruza Tucumán, la tomó y la guardó, no importaba su valor, sino el hecho que por fin encontraba algo sin buscarlo, lo primero que notó al retomar la calle Corrientes, para el lado del obelisco, fue que una concentración de gente que hasta hacía una hora estaban protestando por algún motivo (que no pudo vislumbrar) había desaparecido, no quedaba nadie, así como tampoco banderas ni estandarte, no le dio importancia, supuso que la marcha concluyo en el trayecto de su viaje. Bajo las escaleras que dan entrada a la estación de subte, esa misma que todos los días engulle gente para alimentar sus gusanos de fierros, saco el dinero para comprar su pase y no quiso utilizar la moneda que había encontrado, así que la volvió a guardar, llego el tren, se abrió su puerta, subió y se sentó, sintió alivio al encontrar lugar, no quería viajar parado.
En Chacarita tomo el colectivo que lo llevaría hasta unas cuadras cerca de su hogar, llego a la casa, entro, se preparo la cena, cenó y se fue a acostar. Se levanto temprano como era su costumbre, fue agitado en busca de sus pantalones los revolvió en busca de la moneda, allí estaba, en el lugar que estos tienen para depositarlas, en realidad ese espacio fue inventado para los relojes de cadena, pero hoy en día son simplemente monederos. El miedo de perderla le perturbo, solo había sido un sueño que la perdía o tal vez el sueño era que la encontraba y por eso quiso estar seguro que estaba allí.
Encendió la radio y escucho las noticias, las mismas de siempre la guerra en oriente, tomo la moneda y comenzó a jugar con ella, siempre le gusto jugar con monedas hacerlas desaparecer y aparecer por detrás de la oreja de alguna dama para impresionarla, así que la tomo con el dedo índice y el pulgar y comenzó a pasarla por sobre los otros dedos de forma decreciente es decir desde el índice hasta el meñique y luego volviendo de forma creciente. Pero esta vez algo sucedió, sintió la necesidad de hacerlo y siguió un largo rato así, desayuno y salio corriendo a tomar el colectivo para empezar la rutina diaria, ya que era tarde. Parecía mentira, llego a la parada y allí estaba esperándolo, subió saco su boleto desde luego sin usar su moneda nueva, nueva para él. En el trabajo la radio encendida daba noticias nuevamente de la guerra, hablaban de un cese de fuego, que había comenzado hacia una hora y media, le pareció reconfortante la información, pero no le presto mayor atención, transcurrió la mañana como siempre, en su hora de almuerzo saco su moneda y volvió a su juego, pero esta vez comenzó al revés desde el meñique hasta el índice, y así paso sin comer nada sus cuarenta minutos de descanso, volvió a las tareas, la radio informaba de la ruptura del cese de fuego en oriente, otra vez la guerra pero esta vez se hablaba de un modo totalmente indiscriminada, civiles y soldados eran lo mismo para cualquier posición. Levanto la cabeza y se quedo petrificado, absorto sus compañeros le preguntaban que le pasaba y el no contestaba, hasta que por fin emitió palabras.
-Yo soy el culpable de esto, sostuvo tomándose la cabeza con ambas manos.
¿De que hablas? le preguntaron
-Ahora me doy cuenta, nada fue casualidad.
Y de hecho nada era casualidad, la moneda, la manifestación, la guerra, los viajes.
Tomó la radio y salió corriendo de su ámbito laboral, se fue hacia la plaza San Martín, se sentó en un banco y encendió la radio, el locutor hablaba de alguna tontería, sacó su moneda y comenzó su juego, pero otra vez desde el meñique hacia el índice, estuvo así durante una hora, hasta que al fin en las noticias se dio a conocer una rara enfermedad que volvía locas a las vacas en Europa, y suspendían la importación de carne argentina, también se dio a conocer la caída de un avión en Estados Unidos, no entendía lo que pasaba, dejo la moneda y pensaba en lo que había hecho mal.
Se sentía intrigado, la culpa que él creía tener sobre los hechos le estaba carcomiendo la cabeza, se volvió con la angustia a cuesta hasta su casa, el subte vino repleto y con retraso, tomó el colectivo en Lacroze, también lleno de gente, cosa rara saliendo de la cabecera, en el trayecto se descompuso el coche el pasaje tuvo que bajar y esperar otro colectivo, dejó pasar varios, quería llegar cuanto antes a su casa y descansar.
Se sentó en el living a pensar que era lo que sucedía. Luego de varias horas llego a la conclusión que la moneda, no era una moneda común, sino que en ella se encontraba el manejo del universo o de los acontecimientos en el mismo y que acorde al sentido en que jugara con ella las cosas pasaban de una forma u otra. Los días que vinieron fueron uno igual al otro (como siempre diría yo), pasó casi toda hora moviendo la moneda y en esos instantes el mundo forma ideal, pero en los momentos que por cansancio u otro motivo no tomaba el habito que se le había creado, el mundo sufría de grandes atrocidades. Esto lo llevo a estar todo el tiempo posible con la moneda. Ya no iba a trabajar, es mas, no salía de su casa mas que para la compra del periódico y víveres. En su habitación lo rodeaban radios y televisores. La preocupación por la tranquilidad universal lo empujaba a un aislamiento y casi no alimentarse. Al cabo de unos largos meses, su mano izquierda tenia gastados los bordes de los dedos o mejor dicho tenia callosidades y sentía un dolor muy grande de esta manera comenzó a utilizar la derecha, su dolor lo hizo abandonar su hermitañismo el día que fue al medico, este le dio para tomar un antiflamatorio, camino a la farmacia nunca ni por un instante dejo la moneda en calma, ya tenia una destreza increíble, paso por una bar y decidió tomarse una grapa antes de continuar por la ruta a comprar los fármacos, entró tomo asiento y llamo al mozo, al acercarse este ultimo a su mesa le señalo con el dedo índice de la mano misma que sostenía un trapo rejilla con el que limpiaba los restos y mugre de la madera oscura de las mesas a una persona sentada en el otro extremo de donde se encontraba él, un lugar entre penumbras.
-Aquel señor lo llama, quiere charlar con usted dice.
Sin ningún tipo de pregunta, sin emitir palabras, fue y se sentó junto al anciano.
-Discúlpeme joven, yo no quería cargarlo con esa cruz – Le dijo el viejo decrepito.
-¿De que cruz me habla?
-De la que hace girar por entre sus dedos, la moneda.
-¿Como supo de la moneda?
-Yo viví cuarenta años con ella, mejor dicho estuve muerto por cuarenta años, perdí mi juventud, hasta que un buen día decidí deshacerme de ella y la tire, supuse que alguien la había encontrado, y cuando entro me di cuenta que era usted.
-Yo creí que me estaba volviendo loco, que esto no podía ser cierto
-Es tan cierto que da miedo, lo sé, pero hágame caso, tírela, viva, ¿cuanto hace que no se divierte?
-No hay tiempo para diversión, no puedo tirarla, mire si cayera en manos de cualquiera.
-Bueno haga lo que quiera, yo se lo advertí, mas no puedo hacer.
-Me gustaría saber como consiguió la moneda.
-Al cumplir los diez y ocho años mi abuelo me la dio, me dijo ya sos mayor ya te podes hacer responsable, acá esta el destino de la humanidad me dijo y yo me le reí en la cara, eso me costo una bofetada, me di cuenta que el viejo, que irónico yo ahora digo el viejo, sentía que era cierto lo que me explicaba.
-Y ¿Cómo la consiguió su abuelo?
-No lo sé, el pobre murió al día siguiente de darme la moneda. Ahora déjeme tomar mi jerez tranquilo, solo quería avisarle a lo que se enfrenta y nuevamente le pido disculpas.
Se alejó, y salió del bar sin tomar grapa, volvió a su casa sin comprar el remedio. A estas alturas ya no recibía a nadie, sus amigos le dejaban notas a través de la puerta para saber si estaba bien, desconecto el teléfono.
Una mañana yo me encontraba en el bar tomándome un café expreso y ví entrar a un hombre muy deteriorado, pensé que era un linyera mangueando, baje la cabeza y seguí escribiendo mis notas sobre los mosquitos terrestres que chupan mas sangre que los insectos, cuando vi una mano lastimada y roñosa que se apoyo en mi mesa, mire al hombre.
-Veo que es escritor, y como tal ¿cree en cosas fantásticas?
-Depende de que llamemos fantástico, pero por favor siéntese.
-¿Ve esta moneda que tengo entre mis dedos? Es el secreto del universo, es peor que la caja de Pandora.
-Aja, y ¿cómo es eso, me la deja ver?
-No puedo, ya le cuento todo, usted quizás sepa si hay alguna forma de parar con esto.
El hombre me contó la historia que mas arriba les relate, le dije que deje la moneda quieta y veríamos que pasaría y le explique que era imposible que no haya forma de acabar con algo que no existe. Se levanto indignado y apoyo su mano nuevamente en la mesa, se dio media vuelta y salio del lugar, cuando mire detrás de mi taza de café ví la moneda, es de veinticinco guitas la tome y la guarde, acomode mis papeles y me fui para mi casa, en el camino saque la moneda y la fui inspeccionando, era una moneda común y corriente, mientras caminaba mirándola me tope con un anciano que me dijo “no se preocupe parece común, esa es una de sus cualidades, pero no es común, toma la forma de una moneda equivalente a veinticinco centavos actuales en cualquier momento de la historia, es indestructible e inviolable” y siguió caminando como si nada, me quede viendo al viejo alejarse, pensé en ese instante que el mundo esta lleno de gente enferma.
Una vez en mi casa me dispuse a mover la moneda como el tipo aquel me contó en su historia y prendí la radio, las cosas iban bien, después de un par de horas la moví al revés y las cosas empezaron a cambiar, no puede ser cierto, no es posible, la deje ayer sobre la mesa, ahora la miro y las noticias en el mundo no son alentadoras, entonces la estoy tomando nuevamente pero resulta que soy zurdo y yo empecé jugando con la mano equivocada, ya pasaron varios días y no logro que las cosas se reviertan, prendí la radio las noticias cambiaron, funciona, me esto me esta desesperando es muy difícil escribir con una mano sola.
Ya ha pasado 5 meses en resumen hubo cosas buenas y malas, pero también deje la moneda quieta muchas veces.
Ya van 10 años, mi mala alimentación me juega malas pasadas, me siento solo, nadie me cree, yo tampoco, igual ya hace mas de 5 años que no escucho las noticias ni leo ni veo nada, solo muevo la moneda y estoy seguro que lo estoy haciendo de la forma correcta, o al menos yo estoy convencido de eso, el único contacto con el mundo exterior son estos textos que les hago llegar a ustedes. Al fin y al cabo todo es una cuestión de Fe.
Señores, creo me estoy muriendo así que antes que todo esto sea en vano, he decidido enviarles en esta última carta con textos la moneda, espero que el mundo sepa perdonar lo que pasará mientras esta nota, con la moneda adjunta, llega a ustedes; sabemos cómo funciona nuestro correo por ahí se pierde la carta y el destino de todos sea el mas horrendo que podamos imaginar.
Me despido atentamente.

Gaston Pigliapochi
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3 comentarios:

  1. ¡Qué bueno volver a leerte! Felicidades y besos

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  2. Matilda: Gracias por tu buena onda siempre para con mi blog, y gracias por pasarte. Felicidades para vos también.
    besos totales.

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  3. Amigo, escritor, gracias por pasar por mi nuevo blog. También te deseo un gran año. Realmente excelente este cuento y tus otros textos. Estoy leyéndote en este momento. Muy bueno tu poema "Caridad".
    Que bueno el proyecto de "monocromo en tres tiempos", lo abandonaron? Me interesa sumarme.

    Un gran abrazo.

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