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martes, 29 de enero de 2008

La Puerta Entreabierta

republicación con correcciones.


Miro la puerta abierta hacia un cuarto sin luz, sin presencia alguna, solo ese olor a humedad y naftalina que sale de él, qué fantasma habitara en ese lugar, mi miedo me impide acercarme a husmear, ni siquiera soy capaz de tocar el picaporte y cerrarla del todo; aunque no me gustan las puertas abiertas ni a medio abrir. Hay ruido a viento calido viento seco, a muerte a olvido y penas de otro tiempo, otro tiempo mío, quizás son la suma de mis temores al pasado al recuerdo, al fracaso lejano pero tan presente.
Qué ocultaba la habitación, qué misterio había detrás de esa puerta de madera, vidrios y ambiente espeso, la luz de mi cuarto hacía más oscuro el otro, lo hacía más intrigante y a su vez más siniestro, ya no podía dormir pensando en lo que había detrás de ese umbral, pasaba las noches mirando fijamente a la nada, pasaban los segundos que se hacían días, de vez en cuando la puerta se movía producto (supuse) de alguna ventana abierta del otro lado del limite marcado entre la luz y la sombra.
Siempre era de noche allá, la ventana si estaba abierta tenía sus persianas o postigos o cortinas cerradas, lo que más me perturbaba era que ni las cucarachas cruzaban al otro lado, al otro mundo. Cuantas cosas habían pasado a la oscuridad qué serían de ellas, mi pelota de tenis, mis bollos de papel, nada volvía, nada pasaba, más que eso, nada. Con los años comprendí que el miedo era mío, que tal vez ese cuarto deshabitado era solo eso, junté valor durante varios días y una mañana totalmente desquiciado ya, me decidí a cruzar, y así fue como lo hice, llegue al interruptor de luz (que sabia exactamente donde estaba) y la encendí, reconocí el cuarto de inmediato, era mi cuarto, mi cuarto de niño, mi pasado seguía ahí, sentía mas temor y mas dolor que antes, sentí todo el peso del tiempo en mi. Ahora sentado en la cama miro la puerta entre abierta, la oscuridad que entra me da mucho escalofrió, solo atino a gritar “Mamá, dejame la luz del living prendida, por favor…”, ya con la luz encendida, se me pasa el miedo, todo esta más seguro y sé que no voy a cruzar esos marcos con oscuridad del otro lado porque no hay nada que me interese es preferible qudarse mirando la ventana.

Gaston Pigliapochi
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5 comentarios:

  1. Como siempre, un texto IMPECABLE, te permite estar ahí y hasta sentir ese miedo... y cuantas veces ese miedo es el que nos paraliza, nos impide avanzar, el que nos sumerge en una oscuridad mucho más oscura y fría, y siempre a pesar de eso, arriesgarse a abrir la puerta y ver de que se trata, es un desafio mas que interesante, aunque nos llene de mas dolor, porque por suerte siempre hay alguien ahi, que nos deja la luz prendida, no?

    Muy bueno GUANTES!!

    besote

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  2. El miedo es un boludez, que jamas se nos quita y de grandes se acrecenta.
    Buen texto y buena inspiración de Cortazar, que era mas piola que Borges y quizas hasta más audaz.
    CaRIÑOS.

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  3. A mí esto del miedo me pasa cada noche cuando me voy a dormir desde que vivo sola. Y está tan bien contado que en medio de la locura laboral a plena luz del día lo reviví...

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  4. en las primeras lineas del texto se me ocurría tirar un zapatillazo a esa puerta, cosa que si algo malo había detras de ella se espante hasta darme tiempo de cerrarla. luego, sobre el final del relato, me di cuenta que el pasado es el unico lugar al que es verdaderamente imposible regresar.
    impecable, como siempre Guantes!
    Abrazo.

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  5. Anónimo11:46 a.m.

    Hola Guantes Tanto tiempo!!!!!!

    Como siempre es un placer leerte. No me canso de decirte que sos un excelente escritor. No dejes nunca de hacerlo (aunque todos atravesamos períodos de sequía).

    Bueno, empezaré ya ahora a pasar más seguido. Ya estoy en Baires.

    Muchos besos!!!

    noe!/-*

    PD: que buen texto escribieron con Animakata :)

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