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domingo, 20 de febrero de 2011

Manual y reglamento para el descenso de transportes público (completo)


A Julio Cortazar.
El texto que a continuación transcribiré fue hallado en un libro, en una biblioteca que parecía irreal, cuyo tema central giraba en torno a los placeres lúdicos. Las páginas, manuscritas y anexadas de forma descuidada en la parte central de libro, tienen las marcas del paso del tiempo denotadas en sus contornos amarillentos.
Aquí paso al texto con algunas anotaciones personales:
“Pequeño manual y reglamento para el descenso en medios de transporte público en movimiento.”
En esta parte se encuentran aclaraciones hechas por alguien diferente al autor original, hay símbolos que hacen de llamadas y otro color de tinta y tipo de letra.
“de los elementos: primeramente es necesario contar con una persona con la voluntad de participar, vale esta aclaración puesto que ningún animal ajeno al hombre posee dicha voluntad. En el segundo lugar, y no menos importante que el anterior, se encuentra el medio para llevar adelante la proeza. En este punto solo diremos que no son válidos los vehículos con tracción a sangre (carros o semejantes tirados por caballos o cualquier otro animal), así como tampoco se podrá hacer en medios de puertas automáticas (ya que estas se abren en velocidad cero y en ese momento no hay movimiento alguno).En el tercer y último lugar se encuentra el sitio donde se realizará, aquí lo más importante es tener testigos que puedan afirmar que el participante indicó el lugar donde haría el descenso (ejemplo: participante le dice a su acompañante o testigo, me tiro en Uruguay y Paraguay ).”
A simple vista no hay grandes complicaciones para participar de dicho evento.
Reglamento:
1) Quien no de aviso del lugar donde descenderá quedará anulado de la competencia.
2) Quien descienda en velocidad cero, quedará sancionado, al sumar una tercera sanción será descalificado.
3) Se considerará vencedor a aquella persona que pueda demostrar que ha descendido de la mayor cantidad de vehículos o el que haya descendido a la mayor velocidad demostrable. “
En esta parte del manual se explica cómo se debe hacer para el descenso.
“manual: para realizar el descenso, el participante se deberá parar en el vehículo, pedir por la parada, acercarse de la forma más rápida a la puerta y en cuanto comience a abrirse dicha puerta ya podrá hacer el salto, es recomendable hacer el salto mirando en el sentido de la dirección del transporte. Levante el pie que considere con mayor fuerza para resistir el peso del cuerpo, brinque, al tocar el suelo recoja un poco las rodilla para amortiguar el golpe con el suelo.”
Desde aquí se desprenden agregados con otra tinta:
Es conocida la historia de Manuel Irigoyen, campeón nacional de descenso de transportes públicos (resumido de aquí en más como d. t. p.). Tenía un record de velocidad de descenso de 5 kilómetros por hora en el tren que une Retiro con San Pedro, nadie lo podía vencer, pero él quería dar lo máximo; así fue como en la primavera de 1948 se entrenó día a día para lograr el salto a una velocidad que a ningún otro participante se le hubiese ocurrido. Era normal verlo pasar sobre carros de madera (ideados por él) con ruedas también de madera o en ocasiones con rulemanes, buscaba las calles en bajada para tomar la máxima velocidad posible y cuando lo creía conveniente pegaba el salto, rodaba por la calle o la vereda y terminaba con moretones y rasguños. El viernes 17 de octubre decidió que era el día para la hazaña, busco a su mejor amigo para que fuese el testigo; tomaron el tren en Retiro, todo el viaje se la pasó mirando hacia afuera por la puerta y sentía vértigo al ver pasar los campos y tierra a gran velocidad. Corrieron al primer vagón, debido a que Manuel tenía la certeza que al entrar la máquina a la estación, los primeros coches todavía estarían en alta velocidad, y cuando llega el último ya la velocidad es casi nula. Así pasaron la tres horas de viaje, expectantes. Llegó el momento, se paró frente a la puerta, recogió un poco las rodillas y pegó el salto. La caída fue dura, la velocidad se estima en 10 kilómetros por hora, el amigo festejaba desde el vagón. Manuel pegó un grito al tocar el suelo, en el que se mezclo el dolor de una quebradura de tobillo y el saber que había quedado descalificado por no dar aviso del lugar de descenso, punto número uno en el reglamento.
Desde ese día Manuel nunca más volvió a viajar en un medio de transporte público, se sintió defraudado por él mismo, hasta su muerte en 1962, se tiró bajo el mismo tren que lo había visto saltar tan solo 24 años atrás.
Aquí aparece una línea de puntos, alguien agrega que el tipo estaba loco y que siempre intento suicidarse y que le había salido mal la primera vez.
Termina la línea de punto y otra historia es descripta, esta con tinta mucho mas nueva aparentemente.
El tano Cresentti sostenía que el record en d. t. p. lo tenía él, que por eso los colectivos habían comenzado a tener puertas automáticas y ya casi nadie participaba de la competencia en esos vehículos porque solo se abrían las puertas cuando el colectivo circulara a menos de 5 kilómetros, y por tal motivo el comenzó a competir en los taxis, el tipo viajaba siempre con un acompañante y le pegaba el grito, como para que también oyese el conductor, “¡Libertad y corrientes!” automáticamente abría la puerta y se tiraba al llegar a la bocacalle, así cada fin de semana, pocos amigos querían salir con él ya que siempre hacía lo mismo. Debido a que no tenía con quien viajar, el tano encontró una manera de realizar los saltos, como era necesario un testigo Cresentti se compró un taxi, vendó la fábrica de pastas heredada por su padre y compró el auto. De esta manera el loco Cresentti, como ya se lo conocía en el barrio, pensó en su hazaña y la llevó a cabo: yiraba, levantó un pasajero y cuando este le dijo hasta donde iba, él le gritó una esquina que iban a pasar en el camino y aceleró, al llegar a esa esquina abrió la puerta y se tiró, el auto iba a 50 kilómetros por hora, el loco murío en el acto cuando su cuerpo golpeó el pavimento, el auto se incrusto en un bar que estaba en la esquina, por suerte estaba cerrado, la pasajera no sufrío daños graves pero si un gran shock.
Aquí terminan los apuntes, en una página suelta, un texto que nadie firma sostiene que: por tales motivos la competencia de d. t. p. se dejó de practicar, hay quienes compiten de forma clandestina y murmuran los destinos de los saltos, pueden vérselos en algún colectivo parado cerca de la puerta y mirando todo el tiempo para saber cuánto tarda en abrir y cerrar, también se los ve en los trenes viajando en los estribos.
Cuando salí de la biblioteca, tomé el 110, luego de un rato de viaje grité “¡nazca y salvador maría del carril!, salté, creo tener un nuevo record 4 kilómetros por hora.

Gastón Pigliapochi
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11 comentarios:

  1. Zarpado.. No creo que sea capaz de tanto. Pero lo que si me gusta es cuando toco timbre del bondi, me abre la puerta y bajo los tres escalones mientras para y hace la maniobra para acercarse al cordón. Eso es magnifico, sentir el viento por la ropa, por el pelo, haciendo equuilibrio para estar en pie, son segundos majestuosos

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  2. florence: Gracia por pasar leer y comentar. a mi me gusta bajar cuando todavía están en movimiento los vehículos. Y ese momento del viento en en la ropa y el pelo es realmente majestuoso.

    Abrazos totales.

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  3. *

    Cuantas sensaciones e imagenes de algo cotidiano.

    Lo sigo leyendo. ;)

    Saludos G.
    Siga bien.

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  4. Geo: Gracias por pasar y me alegra que se vea lo cotidiano reflejado en el texto, era la idea. Mi búsqueda siempre gira en lo cotidiano.

    gracias por comentar, saludos totales.

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  5. Cada vez que quiera bajar del colectivo, me voy a acordar de este texto jaja.

    Como decian antes, la sensación de viento es mágica, y cuando se abre la puerta (y volando un poco)ese instante, podria asociarse a las sensaciones que se ponen en juego a la hora de tomar decisiones, de correr riesgos...quizás se trate de "pegar el salto" aunque implique golpes, caidas...

    Y felicitaciones por seguir intentando hacer de lo cotidiano, un relato, un cuento, algo así como un salto en la constancia de lo habitual...

    Espero que esté mejor.

    Un abrazo grande.

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  6. Hermoso mío:
    por fin lo leo.
    Te cuento. Me pareció muy bueno, tal vez debería leerlo con más detenimiento, pero a pesar tuyo, no le encontré los grandes errores que decís que tiene. Ajustaría, sí, adjetivos, adverbios y comas, mayúsculas y puntuación, pero el resto (i.e. tildes, como otras veces) está mucho mejor.
    Después te hago una más exhaustiva devoluta.
    En cuanto al texto en sí, me encantó descubrir, una vez más, el lunfardo que atraviesa tus textos, la calle y el arrabal, así como rasgos tan tuyos (tan míos y nuestros), como las calles y las fechas y las historias.
    Eso.

    te amo con mate cocido:

    Ju

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  7. He leído el texto con detenimiento y, al finalizar, me ha asombrado lo siguiente. ¿Cómo se puede escribir sobre un acto cotidiano que hacemos de forma casi maquinal, sin percatarnos, sin observarlo, sin darle la más mínima importancia? Pues se puede, y se puede muy bien. Mis felicitaciones.

    Me gusta cómo escribes.
    Salud.

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  8. Sil: Amiguita, es una buena observación la suya, acerca de tomar decisiones y que bueno que le genere eso de inolvidable mis textos.
    gracias por pasar siempre, estar y comentar.

    besos totales.

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  9. Ju (amor):Gracias amor, me alegra muchísimo que a vos te gusten mis textos y es bueno saber que no tiene grandes errores como pensaba, los de puntuación y demás son los de siempre por ser crudo el texto, sin corrección. Y el texto guarda mucho de lo que decís, de lo que uno lleva y no puede dejar, de la vida cotidiana, de la calle.

    Te amo mucho, besos.

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  10. Cisne: Bienvenida y gracias por pasar y no crea que es tan dificil escribir sobre lo cotidiano, solo hay que saber mirar y dejarse llevar por la literatura. Que bueno que le haya gustado la manera de escribir, pase cuando guste, tiene la puerta abierta siempre.

    Saludos totales.

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  11. Leticia Diazepanica3:06 a.m.

    Que buen texto.... yo deberia haberlo leido antes de lanzerme del ferrocarril san martin esa mañana verano.... un tropezon si que es caida diria....
    pero bue... la verdad me encanto, muy bien contado, aunque yo no sea quien para decirlo! jajajaa:D

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