Qué difícil pensar en el no conflicto, en la paz sin guerra, en el no distanciamiento de las personas en general; cuando nuestra vida se basa en el ego (y aunque se crea que uno puede evitar ese ego), en criticar a lo que hace el otro, desde nuestra vida y experiencia, sin pensar en el deseo de ese otro, cuando en ese modo de juzgar está nuestro deseo. Desde pensar como uno se alimenta o como cría y educa a sus hijos, hasta todo esto que escribo está cargado de ese deseo y ese egoísmo. Es imposible salirse de ahí, es difícil. No se, se me ocurrió pensar en esto.
Gaston Pigliapochi.
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viernes, 5 de septiembre de 2014
lunes, 7 de julio de 2014
Arte IV
El sol le hacía cerrar los ojos, y dejaba de escribir, hasta que corría la cara de la luz. Retomaba las frases una y otra vez; les daba forma, las vestía, las maquillaba. El maquillaje en ella solo era un agregado, no cambiaba su belleza.
Su cuaderno estaba repleto de tachaduras y de palabras sobre-escritas. Interrumpía las letras para realizar dibujos en los márgenes (inventados), los pintaba con marcadores de colores.
Armaba un mundo mucho más lindo que el que había afuera, en donde el arte era el motor, que en realidad era todo lo que ella era, ella es puro arte, es el arte.
Gastón Pigliapochi
Su cuaderno estaba repleto de tachaduras y de palabras sobre-escritas. Interrumpía las letras para realizar dibujos en los márgenes (inventados), los pintaba con marcadores de colores.
Armaba un mundo mucho más lindo que el que había afuera, en donde el arte era el motor, que en realidad era todo lo que ella era, ella es puro arte, es el arte.
Gastón Pigliapochi
jueves, 19 de junio de 2014
Arte III
Comienza a desarmar la cama para acostarse, todos sus movimientos son suaves, toma una decisión, baja los pantalones de su pijama: se deja los soquetes, se sienta al borde del colchón. Levanta una pierna y se mira en el espejo ( que a su vez es puerta de armario) se sonríe, se siente sensual. Se estira la remera y hasta atrapar a su rodilla, se levanta, se pone en puntas de pie da un giro, el amor que despide y el erotismo de su piel ( la que siente aterciopelarse en sus propios dedos) la envuelven, se enamora al verse nuevamente en el espejo; se enamora de ella, nuevamente siente atracción por si, pero va más allá de esa hermosa forma de mujer en un vidrio; se enamora de si, de su sentimientos, de su liberación a las ropas, dejando caer la remera al suelo, también deja caer su culote rosa, a juego con los soquetes; mira la rotríng en el borde del escritorio y los acrílicos en la otra punta del mismo. Corre en medias, y comienza a dibujar las sábanas, ahora las paredes; cada vez más liberada, pone música, baila al ritmo. Dibuja flores (complejas y hermosas flores), ve revistas en un revistero viejo, las recorta, mientra pega siluetas besa su on la remera que le tapa parte de la estilográfica y la muerde, pasa su lengua dentro de su boca por la tapa que muerde y la siente en sus labios, se erotiza más, se vuelve a ver esta vez sin verse en el espejo, pero siente que se ve desde afuera, ve a la mujer que es artista, profesional, madre y que en todo pone pasión y sentimiento, desde ahí se enamora nuevamente, otra vez y los dibujos son más complejos y pinta con acrílico en poco tiempo tendrá un mural terminado, que reflejará lo que ella vio, cuando se vió. Y el resto verá lo que ella pudo ver y el arte una vez más atacará.
Gastón Pigliapochi
Gastón Pigliapochi
miércoles, 11 de junio de 2014
Arte II
La mano que dibuja, la cabeza que teje historias, el corazón que desborda amor.
Escribe suelta de prejuicios, suelta su alma al camino que transitan sus ojos en un monitor. Mueve la boca, hace una mueca, se ríe y baja la cabeza; algo le paso por la mente, algo que solo ella entiende. Teclea e imagina el dibujo que luego hará.
Le duele la mano de tanto apretar el lápiz; se masajea, se mima, la princesa en el castillo derrumbado no tiene quien la mime o tal vez tenga muchos y ella no los vea.
Desahoga su muda voz y grita, grita al mundo que ella ama, aunque el mundo no merezca su amor.
Gastón Pigliapochi
Escribe suelta de prejuicios, suelta su alma al camino que transitan sus ojos en un monitor. Mueve la boca, hace una mueca, se ríe y baja la cabeza; algo le paso por la mente, algo que solo ella entiende. Teclea e imagina el dibujo que luego hará.
Le duele la mano de tanto apretar el lápiz; se masajea, se mima, la princesa en el castillo derrumbado no tiene quien la mime o tal vez tenga muchos y ella no los vea.
Desahoga su muda voz y grita, grita al mundo que ella ama, aunque el mundo no merezca su amor.
Gastón Pigliapochi
viernes, 9 de mayo de 2014
Arte
Las manos jugaban dibujando, su cabeza acompañaba el movimiento de la rotring. Su mente armaba telarañas de imágenes, en cada trazo dejaba un pedazo de su corazón, las pasiones también quedaban ahí eternizadas; el sexo, el amor, los libros, el cine.
Nadie entendía por qué dedicaba tanto tiempo a eso, a hacer nada. No podían ver que no era nada, sino por el contrario, era todo. Al arte no lo frena nadie, pensaba. Quién resistirá cuando el arte ataque, decía el gran flaco Spinetta.
El arte nos salvará, ella nos salvará.
Gastón Pigliapochi.
Nadie entendía por qué dedicaba tanto tiempo a eso, a hacer nada. No podían ver que no era nada, sino por el contrario, era todo. Al arte no lo frena nadie, pensaba. Quién resistirá cuando el arte ataque, decía el gran flaco Spinetta.
El arte nos salvará, ella nos salvará.
Gastón Pigliapochi.
miércoles, 15 de enero de 2014
Juan Gelman, un ejemplo; una gran pérdida.
Mi Buenos Aires querido
Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.
Juan Gelman (1930-2014)
Poeta, militante, defensor de los derechos humanos. Una gran pérdida.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Serás
Abrazarás
y te abrazaré.
El mundo será ese espacio,
que queda entre vos y yo.
Sonreirás,
y sonreiré.
Será mueca que con poco,
dirá mucho entre los dos.
Soñarás,
y te veré.
Placido en la cama, a tu lado;
tus pequeñas manos en mis dedos.
Te golpearás,
y correré.
llorarás mas no por dolor,
sino por nuestros miedos.
Serás,
y seré.
Gastón Pigliapochi.
y te abrazaré.
El mundo será ese espacio,
que queda entre vos y yo.
Sonreirás,
y sonreiré.
Será mueca que con poco,
dirá mucho entre los dos.
Soñarás,
y te veré.
Placido en la cama, a tu lado;
tus pequeñas manos en mis dedos.
Te golpearás,
y correré.
llorarás mas no por dolor,
sino por nuestros miedos.
Serás,
y seré.
Gastón Pigliapochi.
lunes, 25 de febrero de 2013
El gran actor
Antonio Constantini, nacido en Italia y
criado en Boedo, era un actor singular, solo se dedicaba al teatro, porque no
creía en la cuasi perfección del cine: los errores en una obra eran parte de ella.
Todo el que había visto una obra en la que él actuaba decía que su papel era el
mejor, que su interpretación era magnánima; esto le valió muchos premios e
incontables entrevistas, todavía quedan algunas fotografías en las que se lo ve
actuando.
Estudió
teatro desde chico, pero el problema era que no le convencía ningún método
conocido, así que tomó el camino autodidacta, actuaba con amigos, se presentaba
ante cualquier compañía que empezaba a gestarse; mezcló todos sus
conocimientos y de todo eso creó un método personal. Con el paso del tiempo
comenzó a experimentar más, hasta llegar a hacer más creíbles sus
interpretaciones. Esto era simple: todo lo que pasara en el escenario debería
ser real. Así fue como en una puesta de Frankenstein, interpretó el papel del
doctor y pidió un cadáver a la morgue local, para realizar las operaciones; la gente aplaudió
de pie y comentó lo perfecto de la sangre. En otra oportunidad, su personaje
era un alcohólico abandonado que rompía un espejo con su puño, solicitó que el
whisky no fuera té, por lo que en mitad
de la obra su actuación era realmente tremenda, la gente estaba en éxtasis, los
vómitos en el piso mezclados con la sangre de sus nudillos daban como resultado unos olores desagradables,
pero el público siempre pedía más. La última interpretación de un papel
principal que se le conoce fue en una obra sobre la vida de Sócrates de Atenas.
Se dejó crecer la barba y afeito su frente, a semejanza de una escultura del
filósofo. La obra concentraba todo lo que los discípulos escribieron y dejaron
ver acerca de su maestro, hasta el día de su juzgamiento y el acatamiento de este
a la pena de muerte por envenenamiento por cicuta, la cual fue pedida
específicamente por Antonio. Él sabía que también sería su despedida de las
tablas, a los setenta y siete años de edad. Bebió del cuenco, que contenía una
alta dosis de la planta y al cabo de treinta minutos, mientras decía unas palabras
al público desde su prisión y comentaba lo de «no dejar obra escrita, sino que
cada uno debe desarrollar la suya», se inclinó de rodillas, miró hacia el cielo
y comenzó a convulsionar, se retorció, mientras una saliva oscura salía de su boca. Cayó el
telón, y el público presente se puso de pie y comenzó a ovacionar, a gritar, a
aplaudir, pero el telón nunca más se abrió.
Todos esperaban que los actores saludaran –ya lo había hecho antes en un obra en la que le disparaban y en la que él apareció con la herida sangrante–, pero esta vez no ocurrió. Nadie más lo vio. Hay quienes creen que todo esto que se cuenta es falso y que era un actor más, que su retiro fue un truco muy bueno para crear un mito. Lo cierto es que Antonio Constantini hubo uno solo y nunca enseñó su arte, porque, al igual que Sócrates, creía en que cada uno desarrolle el suyo.
Todos esperaban que los actores saludaran –ya lo había hecho antes en un obra en la que le disparaban y en la que él apareció con la herida sangrante–, pero esta vez no ocurrió. Nadie más lo vio. Hay quienes creen que todo esto que se cuenta es falso y que era un actor más, que su retiro fue un truco muy bueno para crear un mito. Lo cierto es que Antonio Constantini hubo uno solo y nunca enseñó su arte, porque, al igual que Sócrates, creía en que cada uno desarrolle el suyo.
Gastón Pigliapochi
Copyright © - Derechos Reservados. ®
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domingo, 30 de septiembre de 2012
Tema 3."lluvia"
Busca la lluvia llegar al mar,
besa esas nubes que grises van.
Busca tu tierra lejos del mal,
rodeada de valles con sabor a sal.
Que el niño nazca para cambiar,
es esperanza la flor que trae.
Lunas que pasan en la ciudad,
no puedes verlas, ahí estan.
Mece su palma tu madre al compás,
sueña tu cara y como serás.
Cantan los hombres en liberad,
sobre la tierra de sol y de amar.
besa esas nubes que grises van.
Busca tu tierra lejos del mal,
rodeada de valles con sabor a sal.
Que el niño nazca para cambiar,
es esperanza la flor que trae.
Lunas que pasan en la ciudad,
no puedes verlas, ahí estan.
Mece su palma tu madre al compás,
sueña tu cara y como serás.
Cantan los hombres en liberad,
sobre la tierra de sol y de amar.
Gastón Pigliapochi
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martes, 18 de septiembre de 2012
siguiendo la línea anterior: Tema de Lucas.
La idea es saber si gusta, es parte de letras que estoy escribiendo.
Dibujo mundos imaginarios,
en los que viaja siempre mi mano.
Una manchita es el asfalto;
la nubecita riega los campos.
Golondrinas, peces, chanchos;
con mi pincel escribo te amo.
Iluminan el cielo estrellas y rayos,
callan las monas, grillos y gallos.
Dibujo mundos imaginarios,
cubren paredes y hasta mi armario.
Una patita y sus cuatro patos,
una lechuza que come garbanzos.
Florcitas, ratones, y sapos;
con crayones, oscuros y claros.
Tocan el bombo, siku y charango;
bailan cuecas o tal vez un gato.
Dibujo mundos imaginarios,
canta la luna sobre los lagos.
El sol y amigos cuidan mi cuarto,
me duermo tranquilo para soñarlos.
Dibujo mundos imaginarios,
en los que viaja siempre mi mano.
Una manchita es el asfalto;
la nubecita riega los campos.
Golondrinas, peces, chanchos;
con mi pincel escribo te amo.
Iluminan el cielo estrellas y rayos,
callan las monas, grillos y gallos.
Dibujo mundos imaginarios,
cubren paredes y hasta mi armario.
Una patita y sus cuatro patos,
una lechuza que come garbanzos.
Florcitas, ratones, y sapos;
con crayones, oscuros y claros.
Tocan el bombo, siku y charango;
bailan cuecas o tal vez un gato.
Dibujo mundos imaginarios,
canta la luna sobre los lagos.
El sol y amigos cuidan mi cuarto,
me duermo tranquilo para soñarlos.
Gastón Pigliapochi
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