La mano que dibuja, la cabeza que teje historias, el corazón que desborda amor.
Escribe suelta de prejuicios, suelta su alma al camino que transitan sus ojos en un monitor. Mueve la boca, hace una mueca, se ríe y baja la cabeza; algo le paso por la mente, algo que solo ella entiende. Teclea e imagina el dibujo que luego hará.
Le duele la mano de tanto apretar el lápiz; se masajea, se mima, la princesa en el castillo derrumbado no tiene quien la mime o tal vez tenga muchos y ella no los vea.
Desahoga su muda voz y grita, grita al mundo que ella ama, aunque el mundo no merezca su amor.
Gastón Pigliapochi
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miércoles, 11 de junio de 2014
viernes, 9 de mayo de 2014
Arte
Las manos jugaban dibujando, su cabeza acompañaba el movimiento de la rotring. Su mente armaba telarañas de imágenes, en cada trazo dejaba un pedazo de su corazón, las pasiones también quedaban ahí eternizadas; el sexo, el amor, los libros, el cine.
Nadie entendía por qué dedicaba tanto tiempo a eso, a hacer nada. No podían ver que no era nada, sino por el contrario, era todo. Al arte no lo frena nadie, pensaba. Quién resistirá cuando el arte ataque, decía el gran flaco Spinetta.
El arte nos salvará, ella nos salvará.
Gastón Pigliapochi.
Nadie entendía por qué dedicaba tanto tiempo a eso, a hacer nada. No podían ver que no era nada, sino por el contrario, era todo. Al arte no lo frena nadie, pensaba. Quién resistirá cuando el arte ataque, decía el gran flaco Spinetta.
El arte nos salvará, ella nos salvará.
Gastón Pigliapochi.
miércoles, 15 de enero de 2014
Juan Gelman, un ejemplo; una gran pérdida.
Mi Buenos Aires querido
Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.
Juan Gelman (1930-2014)
Poeta, militante, defensor de los derechos humanos. Una gran pérdida.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Serás
Abrazarás
y te abrazaré.
El mundo será ese espacio,
que queda entre vos y yo.
Sonreirás,
y sonreiré.
Será mueca que con poco,
dirá mucho entre los dos.
Soñarás,
y te veré.
Placido en la cama, a tu lado;
tus pequeñas manos en mis dedos.
Te golpearás,
y correré.
llorarás mas no por dolor,
sino por nuestros miedos.
Serás,
y seré.
Gastón Pigliapochi.
y te abrazaré.
El mundo será ese espacio,
que queda entre vos y yo.
Sonreirás,
y sonreiré.
Será mueca que con poco,
dirá mucho entre los dos.
Soñarás,
y te veré.
Placido en la cama, a tu lado;
tus pequeñas manos en mis dedos.
Te golpearás,
y correré.
llorarás mas no por dolor,
sino por nuestros miedos.
Serás,
y seré.
Gastón Pigliapochi.
lunes, 25 de febrero de 2013
El gran actor
Antonio Constantini, nacido en Italia y
criado en Boedo, era un actor singular, solo se dedicaba al teatro, porque no
creía en la cuasi perfección del cine: los errores en una obra eran parte de ella.
Todo el que había visto una obra en la que él actuaba decía que su papel era el
mejor, que su interpretación era magnánima; esto le valió muchos premios e
incontables entrevistas, todavía quedan algunas fotografías en las que se lo ve
actuando.
Estudió
teatro desde chico, pero el problema era que no le convencía ningún método
conocido, así que tomó el camino autodidacta, actuaba con amigos, se presentaba
ante cualquier compañía que empezaba a gestarse; mezcló todos sus
conocimientos y de todo eso creó un método personal. Con el paso del tiempo
comenzó a experimentar más, hasta llegar a hacer más creíbles sus
interpretaciones. Esto era simple: todo lo que pasara en el escenario debería
ser real. Así fue como en una puesta de Frankenstein, interpretó el papel del
doctor y pidió un cadáver a la morgue local, para realizar las operaciones; la gente aplaudió
de pie y comentó lo perfecto de la sangre. En otra oportunidad, su personaje
era un alcohólico abandonado que rompía un espejo con su puño, solicitó que el
whisky no fuera té, por lo que en mitad
de la obra su actuación era realmente tremenda, la gente estaba en éxtasis, los
vómitos en el piso mezclados con la sangre de sus nudillos daban como resultado unos olores desagradables,
pero el público siempre pedía más. La última interpretación de un papel
principal que se le conoce fue en una obra sobre la vida de Sócrates de Atenas.
Se dejó crecer la barba y afeito su frente, a semejanza de una escultura del
filósofo. La obra concentraba todo lo que los discípulos escribieron y dejaron
ver acerca de su maestro, hasta el día de su juzgamiento y el acatamiento de este
a la pena de muerte por envenenamiento por cicuta, la cual fue pedida
específicamente por Antonio. Él sabía que también sería su despedida de las
tablas, a los setenta y siete años de edad. Bebió del cuenco, que contenía una
alta dosis de la planta y al cabo de treinta minutos, mientras decía unas palabras
al público desde su prisión y comentaba lo de «no dejar obra escrita, sino que
cada uno debe desarrollar la suya», se inclinó de rodillas, miró hacia el cielo
y comenzó a convulsionar, se retorció, mientras una saliva oscura salía de su boca. Cayó el
telón, y el público presente se puso de pie y comenzó a ovacionar, a gritar, a
aplaudir, pero el telón nunca más se abrió.
Todos esperaban que los actores saludaran –ya lo había hecho antes en un obra en la que le disparaban y en la que él apareció con la herida sangrante–, pero esta vez no ocurrió. Nadie más lo vio. Hay quienes creen que todo esto que se cuenta es falso y que era un actor más, que su retiro fue un truco muy bueno para crear un mito. Lo cierto es que Antonio Constantini hubo uno solo y nunca enseñó su arte, porque, al igual que Sócrates, creía en que cada uno desarrolle el suyo.
Todos esperaban que los actores saludaran –ya lo había hecho antes en un obra en la que le disparaban y en la que él apareció con la herida sangrante–, pero esta vez no ocurrió. Nadie más lo vio. Hay quienes creen que todo esto que se cuenta es falso y que era un actor más, que su retiro fue un truco muy bueno para crear un mito. Lo cierto es que Antonio Constantini hubo uno solo y nunca enseñó su arte, porque, al igual que Sócrates, creía en que cada uno desarrolle el suyo.
Gastón Pigliapochi
Copyright © - Derechos Reservados. ®
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domingo, 30 de septiembre de 2012
Tema 3."lluvia"
Busca la lluvia llegar al mar,
besa esas nubes que grises van.
Busca tu tierra lejos del mal,
rodeada de valles con sabor a sal.
Que el niño nazca para cambiar,
es esperanza la flor que trae.
Lunas que pasan en la ciudad,
no puedes verlas, ahí estan.
Mece su palma tu madre al compás,
sueña tu cara y como serás.
Cantan los hombres en liberad,
sobre la tierra de sol y de amar.
besa esas nubes que grises van.
Busca tu tierra lejos del mal,
rodeada de valles con sabor a sal.
Que el niño nazca para cambiar,
es esperanza la flor que trae.
Lunas que pasan en la ciudad,
no puedes verlas, ahí estan.
Mece su palma tu madre al compás,
sueña tu cara y como serás.
Cantan los hombres en liberad,
sobre la tierra de sol y de amar.
Gastón Pigliapochi
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martes, 18 de septiembre de 2012
siguiendo la línea anterior: Tema de Lucas.
La idea es saber si gusta, es parte de letras que estoy escribiendo.
Dibujo mundos imaginarios,
en los que viaja siempre mi mano.
Una manchita es el asfalto;
la nubecita riega los campos.
Golondrinas, peces, chanchos;
con mi pincel escribo te amo.
Iluminan el cielo estrellas y rayos,
callan las monas, grillos y gallos.
Dibujo mundos imaginarios,
cubren paredes y hasta mi armario.
Una patita y sus cuatro patos,
una lechuza que come garbanzos.
Florcitas, ratones, y sapos;
con crayones, oscuros y claros.
Tocan el bombo, siku y charango;
bailan cuecas o tal vez un gato.
Dibujo mundos imaginarios,
canta la luna sobre los lagos.
El sol y amigos cuidan mi cuarto,
me duermo tranquilo para soñarlos.
Dibujo mundos imaginarios,
en los que viaja siempre mi mano.
Una manchita es el asfalto;
la nubecita riega los campos.
Golondrinas, peces, chanchos;
con mi pincel escribo te amo.
Iluminan el cielo estrellas y rayos,
callan las monas, grillos y gallos.
Dibujo mundos imaginarios,
cubren paredes y hasta mi armario.
Una patita y sus cuatro patos,
una lechuza que come garbanzos.
Florcitas, ratones, y sapos;
con crayones, oscuros y claros.
Tocan el bombo, siku y charango;
bailan cuecas o tal vez un gato.
Dibujo mundos imaginarios,
canta la luna sobre los lagos.
El sol y amigos cuidan mi cuarto,
me duermo tranquilo para soñarlos.
Gastón Pigliapochi
Copyright © - Derechos Reservados. ®
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lunes, 20 de agosto de 2012
A un tal Lucas, primer texto dedicado a él.
Soy la rareza de mi alma,
ante lo desconocido.
La respuesta a una pregunta,
que no encuentra un oído.
Unas manos que sienten
tus pies aún escondidos,
nadando entre soles,
lunas y puro destino.
Te nombramos,
te soñamos, te amamos.
Creamos tu mundo,
desde nuestro deseos.
Vas a ser la rareza de tu alma,
ante lo desconocido.
Libre en una nada,
a la que vos le darás sentido.
Gastón Pigliapochi
ante lo desconocido.
La respuesta a una pregunta,
que no encuentra un oído.
Unas manos que sienten
tus pies aún escondidos,
nadando entre soles,
lunas y puro destino.
Te nombramos,
te soñamos, te amamos.
Creamos tu mundo,
desde nuestro deseos.
Vas a ser la rareza de tu alma,
ante lo desconocido.
Libre en una nada,
a la que vos le darás sentido.
Gastón Pigliapochi
lunes, 5 de marzo de 2012
Carusita
Martes ocho de la noche, día lluvioso. Pasa por la farmacia, se acerca al teléfono, mirá a ambos lados, marca un número.
- Hola
- ¿qué hacés loco?
- Cómo andás...
- Nada de nombres. Escuchame.
- ¿Desde dónde me estas llamando? y ¿Por qué al celular?
- Desde un público, es la única manera de pasar desapercibido. Necesito un favor de tu parte.
- Decime, mientras no sea plata - suena burlona la frase.
- Boludo, es serio esto. Sabías que algún día iba a llegar. - Los nervios entrecortan las palabras, mezcla de angustia y serenidad.
- La puta madre. ¿En qué te metiste? - ahora ambos están nerviosos.
- Mirá, no hay mucho tiempo. Necesito que vayas mañana a la plaza a las diecinueve horas, y sabés bien como; no voy a darte más información, solo que cerca del mástil me pedís un cigarrillo. Lo más probable es que no nos veamos más, así que viene otro favor... - es interrumpido nuevamente
- Para pelotudo, de qué mierda me hablás, ¿tan grosso es el tema? Ya este favor es grande por lo que decís, que otro me podés pedir.
- Hacete cargo de Cata
- No, no. Pará... pará un poquito, no entiendo nada. - La voz se quiebra, un sollozo ahogado. Sabe que no hay vuelta atrás, que esa charla seguramente sea una las últimas que tenga con su amigo.
- Vas a entender a su tiempo, nos vemos mañana. Deni.
- ¿Qué? - el tono de la empresa telefónica le retumba en la cabeza.
Miércoles. Camina nervioso por el cuarto, ya dejó a la nena en lo de una compañerita, y le dijo a la madre que la va a pasar a buscar un tío, que la nena lo conoce, no hay problema. Prende un cigarrillo, ya perdió la cuenta del número. De qué mierda sirve esto de anotar los puchos para dejar, piensa. Mirá al reloj, siete menos veinticinco; el tiempo se hace de chicle, se frota la cabeza, se sienta en el sillón, se para, vuelve a caminar en círculos, se sirve una taza de café caliente, afuera el frío es intenso. Se decide y sale, agarra los puchos y el encendedor carusita.
La tarde es oscura a esta altura del año, llega a la punta de la plaza levemente iluminada por las luminarias que empiezan a prenderse. Toma la diagonal, directo a la bandera.
Unos metros antes de llegar se le acerca un linyera; con ropas sucias y rotas, barba, pelo largo, desaliñado; lo mira a los ojos.
- ¿Tiene un cigarrillo? - lo increpa
Mete la mano en el bolsillo de la campera y saca el paquete.
- Tomá - le extiende el paquete, con uno asomando - No levantés la perdiz - le susurra.
- Tiene fuego, maestro.
- Caminá conmigo, mientras te doy a Nerón.
Caminan en dirección a la otra punta que sale desde el mástil.
- Adentro hay un papel con una clave, le falta un número, solo vos sabés cuál es. Entrá a una carpeta que tengo en la computadora, es un disco fantasma, solo vas a entrar con el usuario, que también vos supondrás cuál es y esa clave. Saca toda la data e imprimila, guarda todo y llevaselo a Raúl, el sabe qué hacer.
- Pero, ¿por qué no vas vos?
- ¿Ves el tipo de allá? - señala con la mirada - Pará boludo, discreto. Bueno, me viene siguiendo desde hace días, la mina que está corriendo allá, corre en horarios cruzados; oh casualidad, en los que yo ando en la plaza. Y ni hablar de los dos canas. Estoy jodido, bueno loco, gracias por todo, no te abrazo porque sería sospechoso, además tenés un olor a perro muerto, sos bueno en esto no sé porqué no tenés más laburo en el teatro. - se ríe y se alejan.
-Ah pará, Cata está en la dirección que figura del otro lado de la clave. Chau.
Se separan. Llega a la esquina, se le acerca la mujer y lo choca. Los policías corren hasta él y el tipo de traje también. Lo agarran, le dicen algo, que el linyera no llega a oír desde donde está; lo ponen contra un árbol y le esposan las manos a la espalda, no se hacen problema porque haya más gente en el lugar, se lo llevan. Nunca más sabrá de él.
Llega a su casa, saca el carusita, lo abre, saca el pedazo de papel, mira la dirección, se pega una ducha y va en busca de la nena.
- Buenas, vengo a buscar a Catalina
- Ah, ¿usted es el tío?
- ¿El tío?
- Qué hacés tío, como andás - lo saluda, astuta la nena - ¿qué me trajiste?
- Un paragüitas - lo saca del bolsillo y se lo da.- Vamos que se está por largar a llover de nuevo.
Mientras caminan por la calle, piensa que mierda decirle a la hija de su amigo. Cómo encarar tema, mentirle no serviría de nada, solo para problemas. Van de la mano, la mira y le pregunta que quiere comer, que ella tiene que elegir. Pide pizza de fugazzeta, solo una diga hija del Tato podría pedir esa pizza, piensa mientras se le llenan de lagrimas los ojos.
Al día siguiente, antes de ir a la escuela le dice a Cata que se va a quedar con él un tiempo, ella lo abraza y le dice que está bien que el padre le había contado y la había preparado para esto; Por qué carajo no me preparó a mí, se dice para adentro. Mientras la pequeña está en la escuela, toma el papel nuevamente y mira la clave, son siete números, y dijo que faltaba uno. Los vuelve a mirar, la puta que te parió Tato, ahora tiene sentido el deni. Se va directo hasta la casa, da una vuelta manzana, no ve nada sospechoso, entra con el juego de llave que tenía la nena, la cerradura está forzada, adentro está todo revuelto, puertas rotas de cuartos y armarios. Sabe que es peligroso estar ahí, pero si ya estuvieron es raro que vuelvan, se consuela diciendo. Se va al patio, al cuarto de herramientas, corre la baldosa de la esquina, saca del fondo la notebook, se la lleva.
Pasa por la escuela retira a Catalina, comen unos panchos, decisión de la pequeña. Se sienta en el escritorio y abre la computadora, le pega un grito diciéndole que ponga lo que quiera en la tele. Entra al disco, abre el programa de disco fantasma, nombre y contraseña. Sin ninguna duda, escribe Cata y su número de documento de identidad. Ve mucha información que no llega a entender, fotos de ellos pescando, y de vacaciones junto a Verónica antes de que la chupen, hay datos para la adopción de nena, para la tutela, para que pueda tenerla sin ningún problema y datos de personas de las fuerzas, pesadas, papeles para juicios. Se limpia la gota de transpiración fría que le cae, hace copia de todo en dos unidades portátiles de información e imprime todo, hasta algunas fotos.
Deja pasar unos días, unos meses. No hay noticias de Tato y la nena no dice nada, se va a verlo a Raúl, le lleva todo. Hablan largas horas, de bueyes perdidos y de estos hijos de puta que ya iban a caer, que no iban a zafar. Lo consuela saber que lo de la adopción está todo bien, al menos a su amigo no lo defraudaría; todo el resto quedaría en manos de la justicia, cuando esta retornara, si eso era factible.
- Hola
- ¿qué hacés loco?
- Cómo andás...
- Nada de nombres. Escuchame.
- ¿Desde dónde me estas llamando? y ¿Por qué al celular?
- Desde un público, es la única manera de pasar desapercibido. Necesito un favor de tu parte.
- Decime, mientras no sea plata - suena burlona la frase.
- Boludo, es serio esto. Sabías que algún día iba a llegar. - Los nervios entrecortan las palabras, mezcla de angustia y serenidad.
- La puta madre. ¿En qué te metiste? - ahora ambos están nerviosos.
- Mirá, no hay mucho tiempo. Necesito que vayas mañana a la plaza a las diecinueve horas, y sabés bien como; no voy a darte más información, solo que cerca del mástil me pedís un cigarrillo. Lo más probable es que no nos veamos más, así que viene otro favor... - es interrumpido nuevamente
- Para pelotudo, de qué mierda me hablás, ¿tan grosso es el tema? Ya este favor es grande por lo que decís, que otro me podés pedir.
- Hacete cargo de Cata
- No, no. Pará... pará un poquito, no entiendo nada. - La voz se quiebra, un sollozo ahogado. Sabe que no hay vuelta atrás, que esa charla seguramente sea una las últimas que tenga con su amigo.
- Vas a entender a su tiempo, nos vemos mañana. Deni.
- ¿Qué? - el tono de la empresa telefónica le retumba en la cabeza.
Miércoles. Camina nervioso por el cuarto, ya dejó a la nena en lo de una compañerita, y le dijo a la madre que la va a pasar a buscar un tío, que la nena lo conoce, no hay problema. Prende un cigarrillo, ya perdió la cuenta del número. De qué mierda sirve esto de anotar los puchos para dejar, piensa. Mirá al reloj, siete menos veinticinco; el tiempo se hace de chicle, se frota la cabeza, se sienta en el sillón, se para, vuelve a caminar en círculos, se sirve una taza de café caliente, afuera el frío es intenso. Se decide y sale, agarra los puchos y el encendedor carusita.
La tarde es oscura a esta altura del año, llega a la punta de la plaza levemente iluminada por las luminarias que empiezan a prenderse. Toma la diagonal, directo a la bandera.
Unos metros antes de llegar se le acerca un linyera; con ropas sucias y rotas, barba, pelo largo, desaliñado; lo mira a los ojos.
- ¿Tiene un cigarrillo? - lo increpa
Mete la mano en el bolsillo de la campera y saca el paquete.
- Tomá - le extiende el paquete, con uno asomando - No levantés la perdiz - le susurra.
- Tiene fuego, maestro.
- Caminá conmigo, mientras te doy a Nerón.
Caminan en dirección a la otra punta que sale desde el mástil.
- Adentro hay un papel con una clave, le falta un número, solo vos sabés cuál es. Entrá a una carpeta que tengo en la computadora, es un disco fantasma, solo vas a entrar con el usuario, que también vos supondrás cuál es y esa clave. Saca toda la data e imprimila, guarda todo y llevaselo a Raúl, el sabe qué hacer.
- Pero, ¿por qué no vas vos?
- ¿Ves el tipo de allá? - señala con la mirada - Pará boludo, discreto. Bueno, me viene siguiendo desde hace días, la mina que está corriendo allá, corre en horarios cruzados; oh casualidad, en los que yo ando en la plaza. Y ni hablar de los dos canas. Estoy jodido, bueno loco, gracias por todo, no te abrazo porque sería sospechoso, además tenés un olor a perro muerto, sos bueno en esto no sé porqué no tenés más laburo en el teatro. - se ríe y se alejan.
-Ah pará, Cata está en la dirección que figura del otro lado de la clave. Chau.
Se separan. Llega a la esquina, se le acerca la mujer y lo choca. Los policías corren hasta él y el tipo de traje también. Lo agarran, le dicen algo, que el linyera no llega a oír desde donde está; lo ponen contra un árbol y le esposan las manos a la espalda, no se hacen problema porque haya más gente en el lugar, se lo llevan. Nunca más sabrá de él.
Llega a su casa, saca el carusita, lo abre, saca el pedazo de papel, mira la dirección, se pega una ducha y va en busca de la nena.
- Buenas, vengo a buscar a Catalina
- Ah, ¿usted es el tío?
- ¿El tío?
- Qué hacés tío, como andás - lo saluda, astuta la nena - ¿qué me trajiste?
- Un paragüitas - lo saca del bolsillo y se lo da.- Vamos que se está por largar a llover de nuevo.
Mientras caminan por la calle, piensa que mierda decirle a la hija de su amigo. Cómo encarar tema, mentirle no serviría de nada, solo para problemas. Van de la mano, la mira y le pregunta que quiere comer, que ella tiene que elegir. Pide pizza de fugazzeta, solo una diga hija del Tato podría pedir esa pizza, piensa mientras se le llenan de lagrimas los ojos.
Al día siguiente, antes de ir a la escuela le dice a Cata que se va a quedar con él un tiempo, ella lo abraza y le dice que está bien que el padre le había contado y la había preparado para esto; Por qué carajo no me preparó a mí, se dice para adentro. Mientras la pequeña está en la escuela, toma el papel nuevamente y mira la clave, son siete números, y dijo que faltaba uno. Los vuelve a mirar, la puta que te parió Tato, ahora tiene sentido el deni. Se va directo hasta la casa, da una vuelta manzana, no ve nada sospechoso, entra con el juego de llave que tenía la nena, la cerradura está forzada, adentro está todo revuelto, puertas rotas de cuartos y armarios. Sabe que es peligroso estar ahí, pero si ya estuvieron es raro que vuelvan, se consuela diciendo. Se va al patio, al cuarto de herramientas, corre la baldosa de la esquina, saca del fondo la notebook, se la lleva.
Pasa por la escuela retira a Catalina, comen unos panchos, decisión de la pequeña. Se sienta en el escritorio y abre la computadora, le pega un grito diciéndole que ponga lo que quiera en la tele. Entra al disco, abre el programa de disco fantasma, nombre y contraseña. Sin ninguna duda, escribe Cata y su número de documento de identidad. Ve mucha información que no llega a entender, fotos de ellos pescando, y de vacaciones junto a Verónica antes de que la chupen, hay datos para la adopción de nena, para la tutela, para que pueda tenerla sin ningún problema y datos de personas de las fuerzas, pesadas, papeles para juicios. Se limpia la gota de transpiración fría que le cae, hace copia de todo en dos unidades portátiles de información e imprime todo, hasta algunas fotos.
Deja pasar unos días, unos meses. No hay noticias de Tato y la nena no dice nada, se va a verlo a Raúl, le lleva todo. Hablan largas horas, de bueyes perdidos y de estos hijos de puta que ya iban a caer, que no iban a zafar. Lo consuela saber que lo de la adopción está todo bien, al menos a su amigo no lo defraudaría; todo el resto quedaría en manos de la justicia, cuando esta retornara, si eso era factible.
Gastón Pigliapochi
Copyright © - Derechos Reservados. ®
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miércoles, 29 de febrero de 2012
A falta de musas.
Cambian los aires,
se vuelven densos.
Se abarca al mundo,
con una mirada.
Se siente la fiesta,
en los globos colgados.
Pasan las horas,
y se van desinflando.
La inocencia de un niño,
inconsciente de los nervios,
en un primer día de clase,
la deseamos de grande.
Mientras el tiempo pasa,
gastamos oxigeno,
pensando y pensando,
a falta de putas musas.
Gastón Pigliapochi
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