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jueves, 5 de mayo de 2011

Bares de Caseros II

Continuando con la idea de saga de textos sobre algunos bares que hay en Caseros (aquí está el primer texto: http://www.guantes-de-lana.com.ar/2007/09/bares-de-caseros-1.html) pongo la segunda historia.

Esto sucedió cuando nos reunimos con amigos a terminar de cerrar unas ideas sobre un proyecto que encaramos en el 2007 (aquí lo que quedó de eso: http://culturandoargentina.blogspot.com). Fuimos al Bar Odeón, cuando el bar era lo que era, hoy en día esta devenido a un bar con mas onda y tocan bandas, por aquel entonces era lo que quedaba del bar de barrio, con barra larga y mozos vestidos de mozos.
No recuerdo bien cuantos eramos, quien estaba y quien faltaba; pero lo importante es que pedimos medialunas y cafés, bah en realidad eso pedimos algunos, otros pidieron empanadas (creo), al mozo mucho no le gustó el juntar tres mesas, ahora que lo pienso: si juntó tres mesas es porque eramos al menos seis personas (es un buen numero para un truco con pica pica). Mientras charlábamos de que haría cada uno en el proyecto, quien se encargaba de la cartelería y quién de hablar con los artistas; alguno de los presentes comentó que iba al baño, una mujer fue, tuvo que ir a buscar la llave a la barra, sino me equivoco tenía una cadena la puerta del baño de damas, pero lo más extraño era el de caballeros.
Lo primero que uno de nosotros marcó fue que un tipo entró con un vaso de whisky, ¿a esa hora de la tarde? (tipo cuatro), pero señores lo raro era... al baño, el cartel en la puerta dice caballeros. Nos empezamos a mirar, los otros se cruzaban las vistas y yo los veía intrigados; pero el gordo y yo conocíamos el lugar, desde hacia muchos años. Luego entra un tipo con una bicicleta al bar, saluda al de la barra y encara directo a la puerta de caballeros, entra ¡con la bicicleta!, cierra la puerta y no sale, ni este ni el del whisky. Seguimos con la charla y la cara de todos era muy interesante, cuando terminábamos las medialunas, sale uno del baño de caballeros... Con un taco de pool en la mano, no pude contener más la tensión y las carcajadas de los otros por lo bajo, me llevó a confesarles: no es un baño como ya se habrán dado cuenta, es un garito, siempre lo fue, con mesa de pool, de billar (no se si todavía estaba) y con maquina de caballos. Me estas jodiendo dijo alguno y dije no, es la verdad; aunque el problema es si uno quiere ir al baño a que puerta debería acudir.
Recordé esta anécdota cuando pasaba por la esquina en diagonal al Bar, hoy pintado de rojo y con letras ploteada en la puerta de vidrio, ¿en qué se convirtió el garito? nunca me lo pude responder, nunca entré, y no creo que lo haga, prefiero quedarme con mi recuerdo de un garito escondido en un baño de caballeros (donde alguna vez me jugué algo, no se si dinero, el futuro o el amor).

Gastón Pigliapochi
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miércoles, 27 de abril de 2011

Sueño real.

- Nosotros tenemos la ventaja de soñar despiertos, eso no nos lo quita nadie, estamos donde queremos cuando queremos.
- Hay un problema en lo que dice, los que sueñan despiertos tienden a confundir los sueños con la realidad, esto a simple vista parece una ventaja, pero, cómo mezclar algo tan mágico y lindo como los sueños con algo tan desagradable y triste como la realidad.

Y la discusión se prolongó por la eternidad...

Gastón Pigliapochi
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viernes, 15 de abril de 2011

Oscuridad

Luego de una siesta primaveral, de la que un hilo de baba lo despertó, Juan se restregó los ojos y los abrió: todo estaba a oscuras, no había ni un pequeño haz de luz, se dirigió al interruptor lo apretó y nada. Tampoco había ruido alguno, apresurado y torpemente fue hacia el living en busca del telefono, cuando intentó llamar no había tono. En ese momento pensó en salir a la puerta pero no encontró las llaves manoteó el picaporte por si no había cerrado, y nada.
Tanteando el aire encontró la mesa, tanteando esta en los bordes llegó hasta una silla, se sentó y se puso a reflexionar, todo seguía en la calma absoluta. Supuso que las casualidades no existían y pensó lo peor que podía pensar; estaba muerto.
Muchas veces había pensado y escrito sobre el infierno, tiene dos ideas acerca del mismo. La primera apunta a un lugar lleno de gritos inhumanos, de hombres chillando como cerdos, ante las peores torturas y humillaciones, un infierno regenteado por un ser indescriptiblemente monstruoso, un lugar en el que hombres y mujeres sufren de los mismos dolores y donde estos son por la eternidad, no hay placer alguno posible. La otra idea es completamente inversa: un lugar que lo maneja un tipo lo más humano posible, delgado, bien vestido, de pelo corto y barba cuidada. Aquí no hay sufrimientos, sino que los placeres que más disfrutaron o quisieron disfrutar en vida los hombres y mujeres se hacen repetidos y eternos, haciendo que ya no sean placeres sino que sufrimientos, aquel que disfrutaba de orgías, se encuentra en una orgía interminable y solo desea que termine, cada infierno en este es particular.
Lejos de estas ideas, Juan desesperado busca un marcador que sabe estaba en la mesa, lo encuentra y comienza a escribir sobre la tabla, escribe lo que cree que es el infierno en ese momento. No hay dolor, ni sufrimiento, no hay placer eterno, no hay mandinga ni nada. Es solo él en esa oscuridad, solo. No hay peor infierno inimaginable que este, hablar con nadie, no ser escuchado por nadie, la soledad como única compañía y en lo cotidiano. En un lugar tan conocido y a la vez tan extraño, entre las sombras; sin poder ver nada, una ceguera en la nada, sin nadie y con completa consciencia. Sentado se tomó la cabeza y una lágrima recorrió su mejilla, y se reclinó.pasaron horas, tal vez días.
Su cabeza apoyada sobre la mesa y un brazo colgando, de esta manera lo encontró su hija, que al no poder comunicarse había llegado a ver si le pasaba algo y a preguntarle como sufrió la semana de corte de luz. La mujer se toma la boca y tapa sus ojos al ver la imagen, el cuerpo, la mesa escrita, el tubo del teléfono colgando y las llaves en el piso.



Gastón Pigliapochi
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martes, 22 de marzo de 2011

viernes, 18 de marzo de 2011

nadie ve

En la ciudad somos caballos de carro,
nadie mira pa´ el costado, nadie ve.

La inocencia del pibe una moneda,
la dignidad perdida del que duerme en la vereda, nadie ve

El rey momo esta rodeado de esclavos,
juntando soja para él, nadie ve.

Les duele si alguien divide el pan,
claramente no gusta la igualdad, nadie ven.

Se oye la murga pasar,
se vuelve a soñar, todos ven.
La alegría se la quedo,
vaya uno a saber quien, todos ven.



Fotos tomadas en Córdoba, en el año 2008.
Gastón Pigliapochi
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jueves, 10 de marzo de 2011

Soledad


Se ata la luna a mi soledad, las noches que paso sin vos.
pateo para soltarla, pero su hilo no se desata.
Sos el sol que la empuja, la suelta y le da el valor para volar.

Foto tomada durante las vacaciones del año 2010 en Villa Gesell.

Gastón Pigliapochi
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lunes, 7 de marzo de 2011

Largo día.

En otro año largo, el día sigue pasando
y nunca llega a su fin

Este sueño me siento extraño,
mirando cosas que ya viví.

Y si Dios no me quiere acá,
por qué me deja soñar.
Los ojos miran por detrás,
su paranoia en la ciudad.

Un espejo que está quebrado,
sin dolor, sin amor, sin mí.

Las sanguijuelas siguen danzando,
en torno a un disco que perdí.

Contando monedas en un tren,
el ciego me habla y me ve.
¿Nada de esto es real,
solo algo me cayó mal?

Gastón Pigliapochi
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miércoles, 2 de marzo de 2011

Parte de algo quizás.

Milagro de vida
en tus manos al sol.
Pelusa de luna
que quita el dolor.

Temazo de Abonizio-Sainz, también relacionado con la entrada anterior:



Gastón Pigliapochi
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lunes, 28 de febrero de 2011

Tiempo

Me fui alejando de mi soledad,
cantando en algún arrabal.
Me fui soñando el final,
viejo sentado frente al mar.

La luna ata al tiempo en un dedal,
el sol le esconde el hilo y se vá.
Las noches pasan y ya no están,
los días caen en jirones de sal.

El reloj se para ya no moverá,
la aguja fina del final.
La eternidad es ahora y acá,
no hay más que esperar.


Gastón Pigliapochi

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domingo, 20 de febrero de 2011

Manual y reglamento para el descenso de transportes público (completo)


A Julio Cortazar.
El texto que a continuación transcribiré fue hallado en un libro, en una biblioteca que parecía irreal, cuyo tema central giraba en torno a los placeres lúdicos. Las páginas, manuscritas y anexadas de forma descuidada en la parte central de libro, tienen las marcas del paso del tiempo denotadas en sus contornos amarillentos.
Aquí paso al texto con algunas anotaciones personales:
“Pequeño manual y reglamento para el descenso en medios de transporte público en movimiento.”
En esta parte se encuentran aclaraciones hechas por alguien diferente al autor original, hay símbolos que hacen de llamadas y otro color de tinta y tipo de letra.
“de los elementos: primeramente es necesario contar con una persona con la voluntad de participar, vale esta aclaración puesto que ningún animal ajeno al hombre posee dicha voluntad. En el segundo lugar, y no menos importante que el anterior, se encuentra el medio para llevar adelante la proeza. En este punto solo diremos que no son válidos los vehículos con tracción a sangre (carros o semejantes tirados por caballos o cualquier otro animal), así como tampoco se podrá hacer en medios de puertas automáticas (ya que estas se abren en velocidad cero y en ese momento no hay movimiento alguno).En el tercer y último lugar se encuentra el sitio donde se realizará, aquí lo más importante es tener testigos que puedan afirmar que el participante indicó el lugar donde haría el descenso (ejemplo: participante le dice a su acompañante o testigo, me tiro en Uruguay y Paraguay ).”
A simple vista no hay grandes complicaciones para participar de dicho evento.
Reglamento:
1) Quien no de aviso del lugar donde descenderá quedará anulado de la competencia.
2) Quien descienda en velocidad cero, quedará sancionado, al sumar una tercera sanción será descalificado.
3) Se considerará vencedor a aquella persona que pueda demostrar que ha descendido de la mayor cantidad de vehículos o el que haya descendido a la mayor velocidad demostrable. “
En esta parte del manual se explica cómo se debe hacer para el descenso.
“manual: para realizar el descenso, el participante se deberá parar en el vehículo, pedir por la parada, acercarse de la forma más rápida a la puerta y en cuanto comience a abrirse dicha puerta ya podrá hacer el salto, es recomendable hacer el salto mirando en el sentido de la dirección del transporte. Levante el pie que considere con mayor fuerza para resistir el peso del cuerpo, brinque, al tocar el suelo recoja un poco las rodilla para amortiguar el golpe con el suelo.”
Desde aquí se desprenden agregados con otra tinta:
Es conocida la historia de Manuel Irigoyen, campeón nacional de descenso de transportes públicos (resumido de aquí en más como d. t. p.). Tenía un record de velocidad de descenso de 5 kilómetros por hora en el tren que une Retiro con San Pedro, nadie lo podía vencer, pero él quería dar lo máximo; así fue como en la primavera de 1948 se entrenó día a día para lograr el salto a una velocidad que a ningún otro participante se le hubiese ocurrido. Era normal verlo pasar sobre carros de madera (ideados por él) con ruedas también de madera o en ocasiones con rulemanes, buscaba las calles en bajada para tomar la máxima velocidad posible y cuando lo creía conveniente pegaba el salto, rodaba por la calle o la vereda y terminaba con moretones y rasguños. El viernes 17 de octubre decidió que era el día para la hazaña, busco a su mejor amigo para que fuese el testigo; tomaron el tren en Retiro, todo el viaje se la pasó mirando hacia afuera por la puerta y sentía vértigo al ver pasar los campos y tierra a gran velocidad. Corrieron al primer vagón, debido a que Manuel tenía la certeza que al entrar la máquina a la estación, los primeros coches todavía estarían en alta velocidad, y cuando llega el último ya la velocidad es casi nula. Así pasaron la tres horas de viaje, expectantes. Llegó el momento, se paró frente a la puerta, recogió un poco las rodillas y pegó el salto. La caída fue dura, la velocidad se estima en 10 kilómetros por hora, el amigo festejaba desde el vagón. Manuel pegó un grito al tocar el suelo, en el que se mezclo el dolor de una quebradura de tobillo y el saber que había quedado descalificado por no dar aviso del lugar de descenso, punto número uno en el reglamento.
Desde ese día Manuel nunca más volvió a viajar en un medio de transporte público, se sintió defraudado por él mismo, hasta su muerte en 1962, se tiró bajo el mismo tren que lo había visto saltar tan solo 24 años atrás.
Aquí aparece una línea de puntos, alguien agrega que el tipo estaba loco y que siempre intento suicidarse y que le había salido mal la primera vez.
Termina la línea de punto y otra historia es descripta, esta con tinta mucho mas nueva aparentemente.
El tano Cresentti sostenía que el record en d. t. p. lo tenía él, que por eso los colectivos habían comenzado a tener puertas automáticas y ya casi nadie participaba de la competencia en esos vehículos porque solo se abrían las puertas cuando el colectivo circulara a menos de 5 kilómetros, y por tal motivo el comenzó a competir en los taxis, el tipo viajaba siempre con un acompañante y le pegaba el grito, como para que también oyese el conductor, “¡Libertad y corrientes!” automáticamente abría la puerta y se tiraba al llegar a la bocacalle, así cada fin de semana, pocos amigos querían salir con él ya que siempre hacía lo mismo. Debido a que no tenía con quien viajar, el tano encontró una manera de realizar los saltos, como era necesario un testigo Cresentti se compró un taxi, vendó la fábrica de pastas heredada por su padre y compró el auto. De esta manera el loco Cresentti, como ya se lo conocía en el barrio, pensó en su hazaña y la llevó a cabo: yiraba, levantó un pasajero y cuando este le dijo hasta donde iba, él le gritó una esquina que iban a pasar en el camino y aceleró, al llegar a esa esquina abrió la puerta y se tiró, el auto iba a 50 kilómetros por hora, el loco murío en el acto cuando su cuerpo golpeó el pavimento, el auto se incrusto en un bar que estaba en la esquina, por suerte estaba cerrado, la pasajera no sufrío daños graves pero si un gran shock.
Aquí terminan los apuntes, en una página suelta, un texto que nadie firma sostiene que: por tales motivos la competencia de d. t. p. se dejó de practicar, hay quienes compiten de forma clandestina y murmuran los destinos de los saltos, pueden vérselos en algún colectivo parado cerca de la puerta y mirando todo el tiempo para saber cuánto tarda en abrir y cerrar, también se los ve en los trenes viajando en los estribos.
Cuando salí de la biblioteca, tomé el 110, luego de un rato de viaje grité “¡nazca y salvador maría del carril!, salté, creo tener un nuevo record 4 kilómetros por hora.

Gastón Pigliapochi
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